Según la Universidad Católica, la pobreza afecta a 8,2 millones de menores de de 17 años, lo que representa el 62,5% de chicos y adolescentes viven en hogares carenciados. Además, hay 260.000 nuevos chicos pobres con relación al 60,4% que estimó el trabajo de 2016.
La proporción de chicos en situación de pobreza es aun más grande en el Gran Buenos Aires, donde el número se eleva a 75,3%, mientras que la pobreza estructural infantil, estima que el nivel de las Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI) es del 28% (16% en CABA y 33% en GBA).
Ianina Tuñon, Coordinadora del Estudio, destacó en diálogo con Clarín que los bajos ingresos de los hogares pobres se alinean con «la desprotección social que supone la situación de pobreza expone a los niños y adolescentes a múltiples vulnerabilidades: habitacionales, nutricionales, enfermedades, accidentes, explotación, violencia, discriminación y acceso insuficiente o inadecuado a la vestimenta, al calzado, a a asistencia médica pero también a la estimulación emocional, intelectual y social. Es por ello, que se valora específicamente el enfoque de derechos y la perspectiva multidimensional como medida desde donde definir la pobreza».
“Las infancias no acumulan todas las carencias, muchos residen en viviendas precarias, hacinados o en condiciones inadecuadas en términos del saneamiento, muchos otros no acceden a la atención de la salud, menos son los que no acceden a la educación o a la información, y muchos menos los que no pueden garantizar su alimentación. Sin embargo, está claro que el Estado argentino está lejos de poder garantizar una vida plena y en perspectiva de desarrollo de capacidades para el ejercicio de libertades fundamentales», remarca Tuñon.