La declaración del diputado nacional de la UCR, sobre el espionaje macrista, puso a prueba una máxima de la política.
Cuándo hablar, cuáles son los límites de la crítica y qué códigos manejan los dirigentes entre sí. Entre los silencios cómplices y las defensas corporativas a fuerza de carpetazos, las reacciones a los dichos de Facundo Manes son elocuentes.
La entrevista en La Nación+ transcurría por el carril normal de esta época de hashtags y tendencias. Vértigo y búsqueda de respuestas rápidas, cuando aparecen un atisbo de profundidad se cambia de tema o justo llega la tanda.
Hasta que al diputado nacional Facundo Manes (UCR), se le ocurrió decir que el macrismo había practicado el «populismo institucional» y puso como ejemplo el espionaje llevado a cabo desde las más altas esferas del gobierno de Mauricio Macri.
Se desataron todos los males de la incorrección política, se saltó el cerco del «de eso no se habla» y se rompió la omertá, el código de silencio de las mafias.
Los primeros que advirtieron el salto de línea en el guión fueron los animadores televisivos, quiénes reprendieron al neurocirujano por haber osado poner en el mismo plano a los dos populismo: el institucional del macrismo y el económico del kirchnerismo.
Con respecto al primero, se trata de una categoría inédita en las definiciones políticas, aunque teniendo en cuenta el poco apego a ciertas formas normativas del gobierno de PRO, habrá que darle cierto crédito (FMI abstenerse).
El populismo económico ya está instalado, aunque con el sesgo de clase incorporado. Nunca se miden con la misma vara, por ejemplo, los subsidios para pobres o para ricos.
En esa línea de caminar por el medio, Manes plantea básicamente un futuro sin Macri ni Cristina. Una mirada respetable, pero de cierta candidez en una sociedad de alto nivel de polarización.
Que se doble pero no se rompa
Felipe Carlos Solá, fue quien aseguró hace años que para mantenerse en el poder “hay que hacerse el boludo”.
El excanciller sabía de que hablaba. Pocas veces se le pregunta por su actuación como secretario de Agricultura de Carlos Menem y tal vez no conozcamos nunca las razones por las que Santiago Cafiero lo llamó siendo jefe de Gabinete, para anunciarle que dejara el cargo, que finalmente ocuparía el mismo Cafiero.
Otra vez, apenas uno de los miles de ejemplos posibles, del silencio en la política.
No está claro si Manes tuvo presente el Teorema de Sóla. Pero el lunes, horas después de la entrevista televisiva, salió a decir que no sabía el impacto que iba a generar su afirmación de denuncia del espionaje macrista.
Error de cálculo, ingenuidad o repliegue táctico, algunas de las opciones posibles.
Luego siguieron el comunicado de la Unión Cívica Radical a nivel nacional, presidida por el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales. El apercibimiento para el díscolo llegó de la mano del llamado a mantener la unidad de Juntos por el Cambio. «Lesionan la esperanza” que se “construye” desde JxC, la alianza que quiere el segundo tiempo de acá a un año.
Una tibia respuesta del Comité bonaerense de la UCR, presidido por el legislador Maximiliano Abad, en defensa de Manes fue el siguiente episodio.
«La UCR de la provincia trabaja, milita y sostiene la unidad de JxC para derrotar al kirchnerismo. Y precisamente por eso, entendemos que la pluralidad, el debate, la discusión sincera y la transparencia son el camino hacia el progreso y el desarrollo social”, indican. La carta fue firmada por Abad, Carlos Fernández, Karina Banfi, Manuel Cisneros y Alejandra Lorden, entre otros.
Ahora, todos apuestan a que los días diluyan el efecto, a que pase la tormenta. Reducción de daños, sin discutir el fondo de la cuestión de lo que Manes puso en debate, desde adentro mismo de la coalición.
El tiempo dirá si a Manes le cabe el la categoría que inventó Sola. Pero en muchos despachos opositores saben que están haciendo ese papel, aunque nadie se autoincrimine en la política argentina.
Al fin y al cabo, ser un boludo no es algo tipificado en el Código Penal del país del todo pasa.