La Legislatura de la provincia de Buenos Aires, sancionó la norma que reformó la ley de 2016 que ponía un límite a la cantidad de mandatos consecutivos. El Frente de Todos votó dividido, con la negativa de los legisladores que responden al Frente Renovador. En Juntos por el Cambio también hubo un quiebre y el control a distancia de María Eugenia Vidal perdió frente a la mayoría del PRO y del radicalismo.
No es habitual que las Cámaras de Diputados y Senadores de la Provincia sesionen casi en simultáneo, pero el martes 28 de diciembre en La Plata el dato marcará que un acuerdo político transversal puso del mismo lado a oficialistas y opositores. Y que la resistencia a ese acuerdo también a ese acuerdo también fue transversal.
No se trató de una broma por el Día de los Inocentes. Fue una de esas jornadas donde la política legisló sobre las formas de la política y dejó a gran parte de la sociedad de simple espectadora de un debate que parece ajeno a los problemas cotidianos.
Con una carta, Vidal apuntó contra la reelección de los intendentes
Es cierto que el decreto de la entonces gobernadora María Eugenia Vidal, que reglamentó la Ley Ley 14.836, dejó abiertas las puertas de la interpretación. La norma establece que la reelección de intendentes, legisladores, concejales y consejeros escolares solo puede contemplar dos períodos consecutivos. Pero al haber sido sancionada en 2016, muchos interpretaron que si eso regía desde los mandatos comenzados en 2015, se aplica una retroactividad, que está reñida con los principios generales del derecho de nuestro país: las leyes legislan para adelante. Por lo tanto, ese primer hueco fu discutido en el ámbito judicial, inclusive con algún amparo favorable, como fue el caso de la concejal de Malvinas Argentinas, Carina Pavón, que abrió el camino en ese sentido.
Un fallo de Jorge Aníbal Ocampo, juez en lo Contencioso Administrativo de San Martín, hizo lugar a la cautelar presentada por Pavón, que reclamaba suspender el artículo 7º de la ley. El magistrado interpretó que la retroactividad es “inconstitucional” y que atenta contra la autonomía municipal y los principios de legalidad y de razonabilidad, como planteó la concejal en su presentación.
El peso de los intendentes
Si el caso de Carina Pavón hubiera sido único, el debate no hubiese trascendido. Pero había 96 de los 135 intendentes de la Provincia de Buenos Aires transitando, al menos, su segundo mandato, por lo que legalmente no podrían postularse para el mismo cargo en 2023. Sin embargo, existía una excepción que le permitía a 19 de ellos sortear la prohibición y era la posibilidad de tomar una licencia antes de cumplir la primera mitad del mandato vigente.
Ahí estaba el nudo del asunto y el tema era transversal y definitivamente no hubo «grieta» entre Todos y Juntos. Por eso los acuerdos que desembocaron en la jornada doble de la Legislatura, donde tanto en el Senado y luego en Diputados se corrigió esa reglamentación con un nuevo proyecto.
Con el total de los 92 legisladores presente, hubo 68 votos positivos y 24 negativos en Diputados para la sanción de la ley. Antes, el Senado había dado aprobado el proyecto con 36 legisladores a favor, ocho en contra y una abstención.
El sustento para esa ley de 2016 se basó centralmente en un acuerdo de María Eugenia Vidal con Sergio Massa, porque ambos creyeron que legislando con ese límite a las reelecciones forzarían un cambio de escenario futuro en las intendencias. Pero «pasaron cosas» y lo que cambió fue su propio destino y el de sus sectores. Vidal perdió la Provincia a manos de Axel Kicillof y Massa se integró al kirchnerismo en la formación del Frente de Todos. Ambos perdieron el peso que creían tener en la Provincia y eso se vio reflejado en las votaciones de ayer. Los legisladores que responden a la diputada nacional (por la Ciudad de Buenos Aires) y al presidente de Diputados a nivel nacional, junto a los representantes de la Coalición Cívica, los libertarios y la izquierda, votaron en contra de las reelecciones extendidas.
En términos comparativos, hay que señalar que son muchos los distritos del país que tienen límites a los mandatos. Hay provincias que inclusive, a nivel gobernador, no permiten la reelección, como son los casos de Mendoza y Santa Fe. La propia Buenos Aires, solo permite dos mandatos consecutivos de sus gobernadores, lo que no ocurría con los intendentes.
Pero la explicación política de los jefes comunales se basa en que son los propios vecinos los que regulan con sus votos la permanencia en los cargos. Y hay ejemplos para todos los gustos. En 2015 Raúl Othacehé abrió las internas del Frente para la Victoria en Merlo y perdió contra Gustavo Menéndez, ratificado como ganador en las generales de octubre de ese año y reelecto en 2019. Othacehé era intendente desde 1991.
En Moreno, un proceso diferente. En 2015 Mariano West también perdió las internas frente a Walter Festa y dejó la intendencia que ocupaba, con un intervalo entre 2002 y 2011, desde 1995. En 2019 Festa quiso ir por la reelección pero también tuvo que enfrentar internas en el Frente de Todos, ante varios candidatos. Mariel Fernández, del Movimiento Evita, lo derrotó y en diciembre fue la primera intendenta mujer del distrito.
Estos dos casos demuestran que, más allá de la posibilidad legal en términos de cantidad de mandatos, es la dinámica política de los partidos con sus correlaciones de fuerzas, junto a la propia gestión y las voluntades populares, la que determina una elección, su ratificación posterior o su salida del cargo.
La política no es un juego de jardín de infantes y los que habían apostado a que esa norma de 2016 iba a dejar una enorme cantidad de sillas vacías, deberán esperar a 2027 o ir por el lado de las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), mecanismo vigente y que, como los casos de Merlo y Moreno demuestran, sirven para cambiar el rumbo de una gestión. O al menos sus nombres.