Francisco y Macri, un relación marcada por la desconfianza

Desde la asunción como presidente de Mauricio Macri en diciembre de 2015 que la figura del Papa Francisco comenzó a ser tomada como uno de los caballos de batalla de varios partidos de la oposición entre ellos, y principalmente, el Frente para la Victoria, que en reiteradas ocasiones aprovechó para remarcar la diferencia de trato del Sumo Pontífice para con la ex mandataria y actual senadora nacional Cristina Fernández de Kirchner.

Esto, según explicaron varias fuentes al tanto de la situación, generó tensiones en ambos lados. Pero ¿cuáles son los motivos reales por los cuales el Papa decide no pisar suelo argentino?

En 2016, durante el primer año de la gestión de Macri y particularmente después de la gira diplomática en el foro de Davos, desde la Cancillería, en ese entonces a cargo de Susana Malcorra, comenzaron con los acercamientos para concretar una visita de Francisco ese mismo año al país. Pero con la detención de la dirigente kirchnerista en Jujuy y líder de la Tupac Amarú, Milagro Sala, las primeras tensiones empezaron a salir a flor de piel.

Luego de que se hiciera pública la respuesta a una carta que mandó Sala, el Papa comenzó a estar en el centro de la escena, lugar en donde inclusive sospecha que lo puso el propio Gobierno nacional. Envuelto en esas tensiones Macri realizó el primer viaje al Vaticano para visitarlo. Allí un gesto fue tomado como una chicana para Francisco: los invitados.

La comitia oficial, además de los funcionarios nacionales, estuvo compuesta por la gobernadora de Tierra del Fuego, Rosario Bertone, y por el de Salta, Juan Manuel Urtubey. Ambos con un historial propio con Francisco. El hermano de Bertone, el ex secretario de Estado del Vaticano, Tarcisio, fue a quien recurrió el ex diputado nacional Sergio Massa, durante su gestión como jefe de Gabinete de Fernández de Kirchner, para desplazar al entonces padre Jorge Bergoglio como cardenal de Buenos Aires. Como era de esperar, cuando fue ungido como Papa, Francisco desplazó a Bertone.

En lo que respecta al mandatario de Salta, Francisco tiene desde hace tiempo una mira muy crítica hacía la política de combate del narcotráfico que lleva adelante Urtubey en su provincia. Pero, a diferencia de otras jurisdicciones, allí se encuentra uno de los tres obispos franciscanos (jesuitas) de Argentina. Se trata del obispo de Orán, Gustavo Zanchetta, quien en reiteradas oportunidades alertó al Sumo Pontífice del avance de los narcos. Inclusive le envió una carta días antes de esa visita.

«No sé si Macri estaba al tanto o no de esos antecedentes, pero a Francisco le molestaron mucho. Vos cuando vas a la casa de alguien no le llevas personas que sabes que van a generar una molestia», recordó un funcionario judicial con mucho trato con Francisco a quien visitó en varias ocasiones y sin prensa en medios.

Pero los idas y vueltas no terminaron allí. A mitad de año, Scholas le solicitó un aporte al Gobierno, inclusive antes de que se desatará el escándalo posterior y por el cual Francisco removió a los titulares. Esa cifra millonaria fue aportada mediante un decreto que llevó la firma del jefe de Gabinete, Marcos Peña. Para el Sumo Pontífice, Peña se encontraba al tanto de la situación de Scholas e igual siguió adelante. La donación, por el rechazo del Papa, fue cancelada.

«No es que Francisco no quiera venir a la Argentina, sino todo lo contrario. Pero es consciente de lo que se podría generar si lo hace. Aunque no lo parezca, a sus más cercanos les repite que el clima no es el propicio», agregó uno de los integrantes de su círculo más cercano. A su entono, desde 2016 hasta la fecha, Francisco le repite las mismas palabras: que considera que el propio Gobierno lo colocó en un lugar de «enemigo» y que lo utiliza como el principal factor para mantener «la grita» abierta e inclusive hacerla aún más ancha.

Asimismo le remarca que una visita suya generaría que más de cuatro millones de personas se aglutinen en Ezeiza solamente para recibirlo. «Por como están las cosas cree que puede llegar a desencadenarse una situación como la que sucedió en el regreso de Perón». En ese acontecimiento, conocido como «La masacre de Ezeiza», murieron 13 personas y más de 300 resultaron heridas como consecuencia de los enfrentamientos.

Durante todo el 2017 la relación continuó distante. Hubo más acercamiento pero ninguno logró conseguir el objetivo de la visita papal, que año a año se fue corriendo de los planes. Mientras tanto los diferentes «voceros» de ambos lados comenzaron a llevar agua para sus respectivos molinos. Un dato no menor es que de los «que hablan en el nombre de Francisco» sólo el ex legislador porteño y titular de La Alameda, Gustavo Vera, es quien es reconocido inclusive por los más cercanos al Sumo Pontífice, aunque más de una vez le piden más mesura en sus declaraciones.

Pero también hay otros factores que hacen que Francisco vea con malos ojos a Macri. Al margen de la postura ideológica, la inclinación a prácticas budistas que lleva adelante el presidente, como el propio Peña, generaron, y generan, incomodidad en el Vaticano. Sin embargo eso tampoco sería tajante. «Francisco viene de convivir con Cristina, que al inicio de su segundo mandato estuvo con una postura muy anti Iglesia y terminó siendo una de las personas que más le pedía concejos. Todo cambia», agregó otra fuente quien remarcó que los constantes pedidos de «cuiden a Cristina» que realizó en ese entonces el Sumo Pontífice se debían más a una percepción de fragilidad institucional más que a una preferencia.

 

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