El FMI avaló la utilización de los dólares de las reservas del Banco Central argentino para contener una nueva disparada cambiaria que pueda afectar negativamente las posibilidades reeleccionistas del presidente Mauricio Macri a instancias del líder estadounidense Donald Trump. Pero se oculta que las reservas existentes no alcanzarían para parar una corrida y seguir cumpliendo con el pago de intereses de la deuda externa.
Hace algunas semanas, llamó la atención que el FMI aprobara el cambio de estrategia del Gobierno argentino en relación con el uso de las reservas en dólares derivadas del préstamo stand-by acordado con el organismo internacional de crédito. Además, autorizó al oficialismo a no dar a conocer diariamente la variación diaria de las reservas, una política opuesta sus históricas recomendaciones. La contradicción se explica por el aval de Trump al proyecto político de Cambiemos y por la posibilidad que tiene Estados Unidos de influir decisivamente en las políticas del Fondo, gracias a que se reserva el 16,74% de los votos en el organismo y todas las decisiones relevantes deben ser tomadas con el 85% de acuerdo. Esto deja en claro que no la supuesta “neutralidad” técnica del fondo esconde claras decisiones de geopolítica.
Así como el Fondo permitió el estallido de la crisis en los gobiernos de Raúl Alfonsín y de Fernando De la Rúa, en el caso de Mauricio Macri muestra una actitud flexible, apoyando financieramente un proyecto político que ya ha demostrado con creces su decisión de subordinarse a los intereses estadounidenses, sea en política económica como en su rol regional (con Macri siempre primero a la hora de festejar el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil o de atacar al gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela).
La decisión estadounidense hizo cambiar la política del Fondo, que previamente había sido decisiva para la salida del anterior titular del BCRA Luis Caputo, después de que liquidara 13.500 millones de dólares de las reservas con la intención de contener la corrida del dólar de mediados del año pasado (previamente Federico Sturzenegger había rifado otros 12.000 millones). La suma de ambas gestiones totaliza 25.500 millones de dólares, casi la mitad del préstamo total del Fondo, invertidos inútilmente en intentos de contener la suba de la divisa. El actual titular del Central, Guido Sandleris, podrá batir esos récords, pero esta vez con el aval del FMI.
Con las nuevas políticas avaladas por el Fondo, el Central podrá vender reservas sin límites, lo que junto con una tasa de interés para Leliq de 74% anual con renovación semanal (lo que en términos anuales implica una tasa efectiva superior al 100%), implica una nueva invitación a la bicicleta financiera y a la fuga de dólares del país, en una sangría constante que desde el inicio de la gestión de Macri implicó la salida de más de 65 mil millones de dólares. Pero en el inicio de 2019 además se registró una aceleración en la dinámica de salida de capitales, registrándose en enero un aumento del 127% respecto de diciembre de 2018.
La preocupación es tal que el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por sus siglas en inglés), la asociación que engloba a 450 participantes del mercado (bancos, fondos de inversión, compañías de seguros, etc.) de alrededor de 70 países, alertó sobre el peligro de que además esta tendencia se acelere con la cercanía de las elecciones.
Así las cosas, las reservas del BCRA que registran 71 mil millones de dólares pero que en dinero efectivamente disponible apenas supera los 17 mil millones, se vería en serios problemas para contener una nueva corrida y al mismo tiempo cumplir con los compromisos de pago de deuda. En estas condiciones el riesgo de default crece día a día y no debe llamar la atención la preocupación de los inversores internacionales que en los últimos días llevaron el riesgo país argentino a superar los mil puntos.