En la primera contienda, que tuvo como temas a la economía, la educación y los derechos humanos, Massa salió indemne, Milei consolidó su lugar de opositor y Bullrich cedió mucho terreno. Bregman y Schiaretti, lejos de ingresar en la disputa, estuvieron más sueltos y dejaron las mejores perlas de la noche. La estrategia fue el mensaje. Y el plato fuerte, la economía.
El escenario que ofrecía el primer debate del año presuponía una continuidad en el contenido de los discursos de las campañas electorales. Sin embargo, los cruces del final, la elección de las preguntas entre los candidatos y los temas en los que se utilizaron los derechos a réplica fueron la clave para dilucidar la estrategia de cada uno de los postulantes a la presidencia.
De esta manera, más allá de los discursos ya programados y las frases tanto para persuadir al electorado indeciso como para consolidar al propio, resultó interesante observar los mensajes implícitos de cada uno de los candidatos a la hora de llevar adelante su estrategia.
El primer tema del debate, la economía, apuntó todos los focos contra el actual ministro de la nación, Massa, el único con experiencia en este tipo de debates al haber sido candidato en 2015. Con una pobreza del 40% y una inflación interanual del 124.4%, el candidato de Unión por la Patria logró salir ileso del escenario beligerante del comienzo: tras recibir menciones del resto de los candidatos, utilizó los cinco derechos a réplica y sorteó el plato fuerte de la noche.
Por su parte, Javier Milei consolidó su lugar de opositor, y superó en su desempeño a una pobrísima Patricia Bullrich que hizo agua, sobre todo, en la -nula- explicación de su plan económico. Sobre ello apuntó Milei, quien insistió en indagar cómo haría para desactivar la «bomba de las leliqs«: «Usted no me va a decir lo que yo tengo que decir», improvisó la candidata para salir del paso.
En este contexto, el concepto de «casta» estuvo en disputa entre ambas figuras opositoras. Bullrich le endilgó al candidato de LLA que Luis Barrionuevo es ahora su aliado político y Milei le retrucó con su pasado en Montoneros: «Vos sos más casta que nadie».
El nivel argumental y expositivo de Bullrich sorprendió a propios y extraños. Sin ir más lejos, la candidata tuvo que salir a aclarar que durante la semana había tenido fiebre y en el debate tenía los oídos tapados: «Entré con una pata rota a la cancha», ensayó como justificación.
https://informepolitico.com.ar/patricia-bullrich-trato-de-justificar-su-pobre-performance-en-el-debate/
Como en la campaña, Bullrich no encuentra el calibre de su discurso, que fue muy efectivo para ganarle la interna a Horacio Rodríguez Larreta pero que ahora, ante la presencia de Javier Milei, queda disminuido. El cruce sobre quién es casta y quién es no fue uno de los ejes más importantes de ambas figuras opositoras. La candidata a presidenta de Juntos por el Cambio utilizó también el argumento de que su coalición electoral es que la que posee mayor caudal político para llevar a cabo los cambios necesarios. Pero su poca capacidad de desarrollar una idea con un argumento sólido y su nula coordinación discursiva echó por tierra cualquier intento de imponerse. La forma, desastrosa, opacó cualquier tipo de contenido que podía llevar su narración.
Asimismo, a Bullrich le tocó inaugurar el bloque de preguntas con Schiaretti. Sin embargo, no preguntó nada y simplemente se encargó de elogiarlo, al decirle «nosotros, con vos, vamos a defender a los cordobeses». «Más que pregunta, eso fue una aseveración», contestó azorado el gobernador cordobés, quien había acordado con Larreta sumarse a JxC pero Bullrich y Macri se opusieron.
En uno de los momentos clave, que era la pregunta que tenía que hacerle a Sergio Massa, donde se condensaba la mayor parte de su arsenal opositor, apenas atinó a señalar poca correspondencia entre los dichos y hechos del ministro, y terminó formulando confusamente como pregunta una de las frases más famosas de Juan Domingo Perón: «¿Mejor que decir es hacer?». «Por supuesto, y mejor que prometer es realizar», contestó Massa, tras recibir en bandeja el regalo de su rival.
La narrativa de Milei, que se presenta como una novedad en el sistema político, logra imponerse por sobre la de Juntos por el Cambio, y es vista en la agenda pública como una fortaleza y no como una debilidad. En la pelea por ver quién llevaba a cabo un discurso más opositor con coherencia argumental, Milei se impuso.
En el debate sobre educación, en tanto, ninguno de los candidatos utilizó sus derechos a réplica. Un tema que, desde el punto de vista de las estrategias, tuvo menor importancia y dedicación, en sintonía con las prioridades de la opinión pública y la instancia del debate político actual, a tres semanas de las elecciones.
Como parte de su estrategia, Bregman ahorró los derechos a réplica que tenía para utilizarlos en el tema posterior, Convivencia y Derechos Humanos, y apuntar contra Bullrich por la desaparición de Santiago Maldonado y el asesinato de Rafael Nahuel mientras era ministra de Seguridad, y Javier Milei por reivindicar el discurso de la Dictadura Militar.
«No fueron 30 mil», estableció el candidato, y aceleró en su discurso negacionista: «Fue una guerra y hubo excesos», señaló con el mismo tenor que Emilio Massera en el Juicio a las Juntas de 1985. Finalmente, el candidato de La Libertad Avanza se despachó en contra de una situación reconocida por todos los sectores y basada en la evidencia de amplias demostraciones estadísticas, al negar la asimetría femenina en términos de trabajo e ingresos.
Schiaretti, en tanto, apuntó a afianzar y aumentar su arsenal de votos en Córdoba, provincia en la que se vio superado por Javier Milei en las elecciones nacionales, y su apellido fue el más buscado en Google durante el desarrollo de un debate donde primaron las posturas conservadoras, se apuntó a consolidar al electorado propio y donde la estrategia fue, en definitiva, el mensaje más contundente de cada candidato.