México es el caso más emblemático de búsqueda de otros mercados como consecuencia del efecto Trump. El país de Peña Nieto importa el 43% de los alimentos que consume e invierte en ello unos US$ 15.000 millones, un número nada despreciable para un país como el nuestro, cuya mayor riqueza es la producción de materias primas.
Frente a la tensa situación con Estados Unidos, México busca nuevos referentes a quienes comprar y vender sus productos en otras partes del globo. En ese sentido la Secretaría de Economía Mexicana, a través de su titular, Ildefonso Guajardo advirtió al país del norte: “la apertura para granos y productos agrícolas y agropecuarios de Argentina y Brasil les va a comer el mercado que hoy ustedes tienen en México. Entonces nada más les estoy avisando que mucho de lo que se está haciendo nos está llevando a amarrarnos con el resto del mundo para volver a equilibrar”.
Con esto se refiere a productos como carne, maíz, trigo, cebada y arroz entre otros, cuyo principal proveedor hasta el momento era Estados Unidos pero que puede presentar un giro hacia América del Sur, debido a las restricciones impuestas por Trump desde lo comercial y lo migratorio.
Países como México presentan esta contradicción: si bien están entre los principales países de producción agrícola (México ocupa el lugar Nro 14) no le es suficiente para su abundante consumo y, por ejemplo, por más que produce 21 millones de toneladas de maíz al año necesita importar otros 10 millones. Es decir que compran afuera el 30% del maíz que consumen. También lo hacen con la mitad del trigo y el 80% del arroz.
No es un paso fácil de dar por el incremento de los costos, pero actualmente ya existe con Argentina una negociación para ampliar sus aranceles y lograr acuerdos de cooperación que permitan una relación comercial más fluida. De modo que se analiza esta oportunidad en medio de un contexto donde muchos países se verán obligados a redefinir nuevas políticas industriales y comerciales con otros actores.