La protesta este martes, de un puñado de afiliados de ATE frente al municipio de Quilmes, que tomaron la municipalidad para reclamar la renovación de 12 de sus contratos dados de baja, fue la excusa para pasar factura al intendente Martiniano Molina, que no incluyó al gremio en la discusión paritaria salarial por considerarlo “no oficial”, aún cuando son unos 1.500 agentes dentro de una planta permanente de 7.000.
Este es la muestra de un distrito revuelto en el que Molina, el ex cocinero de TV, trata de gestionar contra viento y marea con nuevo equipo (ya que finalmente se decidió al recambio y se sacó del medio a su secretario de Gobierno y diputado radical, Fernando Pérez, y también corrió al secretario de Obras Públicas, Oscar García, otro radical, enfrentado con Pérez, cuya interna partidaria no hizo más que descolocar a Molina y hacerle perder tiempo en su primer año a cargo del distrito.
Después de la limpieza, donde aseguran que no quedó “ni el secretario privado” hay un reimpulso por tomar el dominio de un municipio que por momentos todavía le resulta “desconocido” y en ese marco pretende negociar paritarias al 18% con el Sindicato de Trabajadores Municipales únicamente, que está muy lejos de acordar en ese número.
El recambio de su equipo de Gobierno, si bien le da algo de aire fresco no resulta gratuito tampoco ya que puso como jefe de Gabinete a su hermano, Tomás Molina, y como Secretario de Gobierno, a un amigo suyo de la infancia, Guillermo Garetto, decisión simplista que cayó muy mal en algunos sectores de la política y de la sociedad.
Pero si de gobernabilidad se trata, Molina siente que no tiene demasiado de qué preocuparse todavía: tiene mayoría en el Concejo Deliberante y cuenta con la alianza sistemática del bloque del Frente Renovador que encabeza Walter Quejeiro.
Por otro lado, en más de una oportunidad, cuenta increíblemente también con el apoyo de los tres ediles que responden a Aníbal Fernández, quienes le aprobaron hasta el aumento de tasas. No así el bloque alineado con el ex intendente, Gutiérrez, donde los 5 ediles rechazaron la suba de plano y también desaprobaron el presupuesto. Pero hasta ahí llegan, Gutiérrez está sitiado por varias causas penales y entonces tampoco puede pasarse de la raya.
Y por si esto fuera poco, el presidente del Concejo, Juan Bernasconi tiene línea directa con Emilio Monzó, hoy un peso pesado dentro de Cambiemos. Eso lo pone de algún modo a resguardo, en parte, de un creciente clamor, sobre todo en barrios populosos, donde se lo acusa de “no conocer el territorio ni pisar el barro”.
En medio de este clima enrarecido, el PJ quilmeño, urgido de recomponerse, naufraga en el rechazo que genera Aníbal entre los vecinos, un diputado sciolista, Alberto De Fascio, que empuja y empuja pero nunca levanta y el Barba Gutiérrez, hoy apalancado por el grupo Esmeralda, a través de su mujer, la diputada, Evangelina Ramírez, a quien se le vence el mandato en diciembre y tracciona para hacer un enroque con su marido, hoy director del Banco Provincia.
Otra actora muy fuerte de la política quilmeña es la diputada camporista, Mayra Mendoza, que por ahora empuja sola y no participa de ninguna actividad partidaria ni envía a sus congresales pero es muy probable que Mayra dé el golpe de gracia si hay un lanzamiento de Cristina.
En este entretiempo, el PJ que sueña con la unidad pero no la logra formó una Comisión de Acción Política y realiza un exhaustivo seguimiento de toda la conflictividad social, gremial y política que existe en Quilmes, y se prepara para tener fuerte presencia el próximo 18 en el Congreso de Santa Teresita, donde intentarán delinear una estrategia electoral que los reposicione para las próximas elecciones.