Las 3 patas en que se sostendrá el gobierno de Cambiemos

Por Rubén Pereyra

Cuando el 17 de diciembre de 2014, la entonces presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, tomó la decisión de renovar la cúpula de la ex Side y nombrar a su hombre de más confianza, Oscar Parrilli, para dirigirla, tal vez no imaginó las derivaciones que tendría semejante decisión.

Los servicios de inteligencia fueron plato codiciado de todos los gobiernos, y todos se sirvieron de ellos. Poco importó que se mantuviera la misma estructura y funcionamiento que hubo durante la dictadura. Tampoco importó que adquirieran un poderío económico importante y que casi nadie supiera dónde iba a parar el enorme presupuesto.

Así, aun salpicados por el escándalo de corrupción del 2001 (¿remember Pontaquarto?), todo siguió igual. El kirchnerismo mantuvo la misma relación que todos los gobiernos hasta aquel diciembre de hace 2 años y monedas. Todo cambió. En poco tiempo, se reacomodaron varias fichas, la más importante, la alianza Unen que se perfilaba como segunda fuerza nacional y hasta podía vencer al kirchnerismo, explota por los aires y Ernesto Sanz y Lilita Carrió, sus detonadores, se preocuparon por llevar al radicalismo a una encerrona de alianza con el Pro.

La suerte estaba echada. Lo que no podía pasar, pasó, y el kirchnerismo pagó caros sus errores.

La Afi, o ex Side, volvió a ser lo que siempre fue. Y, si no, veamos lo que fue esta semana la tremenda campaña mediática contra el dirigente docente Roberto Baradel. No haremos en esta columna mención a los pergaminos o no de Baradel para merecer el escrache, sí digamos que sus trapitos al sol aparecen en momento más que oportuno.

Hace 10 días, una docente le decía al autor de esta columna: “Yo voy a parar, esto no puede ser, les di un año, los voté, no hicieron nada bien, se acabó”.

La misma docente, ayer: “No sé si voy a parar, ¿viste todo lo que se dice de Baradel? Yo no le voy a dar de comer a un delincuente como ése”.

¿Se entiende?

El gobierno Pro ha profundizado su giro represivo, y no sólo por las “campañas sucias oportunas”. Baste escuchar el discurso del Presidente ante la Asamblea Legislativa para confirmar que se vienen tiempos difíciles.

La campaña de “voluntarios” (antes llamados carneros o esquiroles) partió, ahora se sabe, de la misma usina mediática del Pro. Resultó medianamente positiva para el gobierno, pues desde sus propias filas partieron los límites y las “aclaraciones”. De paso, Vidal quedó en “off side”. Casualmente, la dirigente del Pro que mejor mide, recibió fuego amigo, que sirve para recortarle un poco algo del inmenso poder que está acumulando.

En definitiva, no podremos esperar meses mansos de acá a octubre. El Gobierno mostró las cartas: obra pública, blindaje mediático y campaña sucia. La oposición tiene la palabra. Algo ya mostró. Será tema de otra columna.

 

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