“Ante el clamor de los trabajadores” es el lema que la Corriente Federal de los Trabajadores eligió para titular el comunicado oficial donde el gremio oficializa como 30 de marzo la fecha dispuesta para un paro general por 24 horas.
Sergio Palazzo, titular de Bancarios, el gremio más fuerte que intregra la Corriente Federal insiste en esa fecha, sobre todo por su significado histórico: el 30 de marzo de 1982, los trabajadores nucleados en la CGT Brasil y bajo la conducción de Saúl Ubaldini convocaron a una jornada de protesta en todo el país para resistirse a la dictadura. La marcha pretendía entregar un documento en Casa Rosada. Fue muy contundente y se inició una represion muy dura en la capital y en todo el país pero la CGT les había demostrado que ya nada era igual, que se habia alcanzado el grado de organizacion suficiente para hostigarlos, si era necesario, hasta echarlos.
También ATE está rearmando rápidamente su plan de acción, para picar en punta. ATE acaba de romper con la CTA autónoma a raíz de las diferencias entre Cachorro Godoy y Pablo Micheli, a quien acusa de no haber sido lo suficientemente duro con el gobierno y haberse recostado sobre la “moderada” CGT. Godoy, cansado de pretender más dureza se abrió de la central obrera y con domicilio nuevo habría fundado una nueva corriente: la CTA Perón.
El sector del transporte (UTA) además ya se manifestó con toda la voluntad de proponer el 4 de abril como la fecha ideal para la huelga y este no es un dato menor, lo que responde en parte a la pregunta de qué rol tendrán los gremios del transporte de aquí en más, pues un paro con o sin transporte cambia absolutamente no sólo la dimensión de su fuerza política sino además, por su logística.
El riesgo de esta disputa de fuerzas es no quedar atrapados en imponer una fecha pues esa distracción puede hacerles perder la verdadera cuestión de fondo: la crisis por la que atraviesa la clase trabajadora. Y es hora de que los dirigentes gremiales y políticos tomen nota de eso y estén a la altura de las circunstancias, porque de lo contrario, las bases volverán a rebelarse como en la pasada marcha y más, pese y por encima de sus dirigentes.