Los límites del coronavirus

Por Martin Suprin
@martinsurpin

Es una realidad; la pandemia contiene dentro de sus márgenes toda acción cotidiana y la política es obviamente, un complejo entramado que también se encuentra condicionado por esta particular coyuntura.

Pero en nuestro agrietado país, en donde todo se exacerba, la aparente inacción política se potencia por varios motivos, los más evidentes son el disfuncionamiento de las Cámaras de Diputados y Senadores, y la poca actividad judicial, que, en los últimos años, forma parte habitual de la vida política.

Todo esto, no implica que el Estado, y la oposición, se hayan replegado absolutamente a su función para con el Covid-19.

Decisiones importantes como la expropiación de Vicentin, por ejemplo, se hubieran propuesto de cualquier forma, al igual que actos políticos del presidente Alberto Fernández que han generado menos rebote en la opinión pública, como lo fue la inauguración de la planta de tratamiento de líquidos cloacales en Villa La Angostura, obra que se había iniciado durante el gobierno de Mauricio Macri y que, debido a la mención de esto último por parte del presidente, tuvo algunas horas de preeminencia en la agenda pública.

Lo que hace falta, es que más políticas públicas y más trabajo no relacionado con la pandemia comiencen a realizarse y/o a mostrarse, ya que el efecto “cuarentena” pareciera ser similar al del letargo, por más disímil que sea la situación en cada provincia argentina.
Es decir, hay un factor externo que lo condiciona prácticamente todo, pero no por eso, lo condicionado debe estar frenado. La negociación de la deuda es un punto clave en este sentido, y la ralentización de su definición provoca una expectativa paralizadora.

Tampoco puede “frenarse” el avance de las graves causas iniciadas por espionaje a propios y extraños que se realizaron durante el gobierno de Cambiemos, ni el juicio por la obra pública entregada a Lázaro Báez, para mencionar un proceso judicial por lado…
En cuanto a la principal oposición, las discrepancias son evidentes, al menos en las formas en las que sus líderes, plantean sus ideas frente a su “adversario” real o imaginario.

Horacio Rodríguez Larreta, al alinearse y trabajar codo a codo con Alberto Fernández y Axel Kicillof, desconfiguró el funcionamiento interno del frente, dejando el “combate” a quienes no tienen gestión, como Patricia Bullrich y Mario Negri. Por otro lado, Mauricio Macri ha decidido desaparecer de la actividad política, al menos por ahora y Maria Eugenia Vidal, que había comenzado a asomarse (y ahora se conoce que venía teniendo reuniones) al estar contagiada de coronavirus, volverá a recluirse por un tiempo.

Existen miles de aristas desde las cuales puede considerarse que la acción política es mucha, o poca por fuera de la pandemia, pero lo cierto es que la imagen general es que el coronavirus, con mayor o menor justificación, manejó (y maneja) de tal manera la agenda pública, que por el lado del Gobierno, todo pareciera girar en torno a la enfermedad y por el lado de la oposición (con excepción de aquellos funcionarios con cargos ejecutivos) todo pareciera girar en torno al Gobierno, sin lograr generar críticas constructivas y/o propuestas superadoras.

Separándose un poco del árbol, lo que se vislumbra es una búsqueda (con los tiempos que marca la efectividad en la lucha contra el virus) de reconfiguración y poder, tanto en el peronismo, como en la oposición.

Dentro del PJ; con la evidente preeminencia de funcionarios como Santiago Cafiero y la reaparición de actores cómo Roberto Lavagna y Eduardo Duhalde, que realizaron un cuestionamiento público hacia la expropiación de la cerealera y críticas a la conducción de Fernández, recordemos que estos actores durante el primer trimestre de 2020 celebraron las negociaciones con el FMI y otras decisiones económicas del Gobierno.

En la vereda de enfrente, ya se mencionó la posición de los principales referentes de Juntos por el Cambio, pero en los últimos días, con un apoyo moderado, los más “extremistas”; como José Luis Espert y Javier Milei, por caso, han logrado formar parte de la agenda pública con calificativos hacia el gobierno y sus decisiones. Qué tan profundo resulten estos mensajes en la sociedad, se verá más adelante.

La pandemia llegó para quedarse un buen tiempo, y Argentina, como el resto del mundo, adaptó y se adaptó políticamente a su manera, al nuevo contexto que la rodea.

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