El PJ había alcanzado una unidad abstracta, donde todos los sectores se repartieron los apoderados y los lugares en la mesa de acción política, como una forma de que ninguna facción se impusiera sobre la otra, con la esperanza de que las diferencias internas puedan salvarse mediante la instancia de las PASO, o sea, tirando la pelota para más adelante.
Pero esta vez, los melones no se acomodaron andando, y en cuanto se inició la discusión por los lugares, los tironeos por el control de la lapicera comenzaron a resquebrajar el consenso logrado. La irrupción de Julián Domínguez, anticipada por IP, dispuesto a enfrentar a Cristina Kirchner en alianza con el dubitativo Florencio Randazzo, dispararon las primeras alertas.
Desde el entorno de Domínguez aseguraron a IP que ellos iban a Santa Teresita a “proponer un candidato, y que no iban a pelearse con nadie, ni responder ataques”, pero la traumática experiencia de la interna por la gobernación bonaerense en 2015 disparó encendidas alarmas en varios sectores peronistas.
En paralelo, el sector más kirchnneristas del PJ iba al Congreso en la ciudad costera con la intención de proponer una lista de unidad detrás de Cristina Kirchner, quien por cierto, es la que mejor intención de voto tiene en el universo peronista de la Provincia.
Con esa grieta por delante, los intendentes del Grupo Esmeralda fueron los primeros en bajarse, incluso, desde el espacio conducido por Martín Insaurralde y Gabriel Katopodis señalaron a IP que “Espinoza (Fernando), ni los llamó”, para contarles cuál era su idea de cara al cónclave.
Previamente, desde La Cámpora, quienes ni bien supieron que los Esmeralda no iban también se bajaron, habían disparado dos focos de conflicto interno, por un lado, manifestaron su enojo por el tema de la votación de la ley de ART, la cual fue apoyada por el sindicalismo, en lo que desde el grupo conducido por Máximo Kirchner fue considerado una traición. Ante ello, los representantes de los gremios dentro del PJ fueron los terceros en bajarse, ya no dejando margen a que el Congreso se realice.
A su vez, desde el kichnerismo, habían elaborado un documento en respaldo a los «perseguidos» por la Justicia, como Omar Parrilli, con la intención de que sea firmado por todo el Partido, e incluso sea tomado como el puntapié de una marcha en apoyo a los dirigentes K comprometidos con causas judiciales, lo cual terminó por frustrar el encuentro, que, formalmente fue suspendido por lluvias, o más bien, por las filtraciones en la unidad.