“Lunes Negro” de los mercados: La extorsión del “1%”

Por Gonzalo P. Hernández. Lic. en Ciencia Política (UBA).

Lo primero que deberíamos decir en relación a la caída bursátil de estos días -que ha tenido su máxima expresión en el pasado “Lunes Negro” de Wall Street- es que la misma es una repercusión directa de la crisis experimentada por la economía internacional diez años atrás, en 2008.

Lo que estamos observando es ni más ni menos que una extorsión del 1% de la población -que gobierna la economía global- contra el restante 99%, que integramos el resto de los mortales. Es una apenas solapada amenaza a la nueva conducción de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED) para evitar que Jerome Powell, el nuevo “Chairman” -que reemplaza a Janet Jellen-, continúe con la política planteada de seguir elevando la tasa de interés de referencia.

Germán Fermo pone blanco sobre negro en su columna de El Cronista del 6 de febrero: “¿Querrá Powell, el flamante Chairman, comenzar su mandato con un selloff brutal del mundo entero? ¿Bajará un cambio otra vez la Fed con tasas más calmas frente a un mercado que ya está un paso adelante y amenazando con un deleveraging global?”.

La consigna “somos el 99%”, levantada explícitamente por el movimiento Occupy Wall Street, refleja la situación ruinosa a la que es sometida la prácticamente totalidad de la población mundial en beneficio de una verdadera -y muy reducida- “casta” de privilegiados: los salarios del noventa y nueve por ciento han disminuido de manera constante en estos últimos diez años.

En la última década hemos observado -impotentes- un desenvolvimiento perverso de los mercados financieros, que se acostumbraron a vivir de la asistencia permanente del Estado; que no ha hecho otra cosa que asistir a los más poderosos, los denominados “too big to fail”: esas empresas consideradas “demasiado grandes para caer”. Tras la caída -en ese caso permitida- de la banca de inversión Lehman Brothers, la manera que encontró la Reserva Federal de lograr escapar a una crisis -que ponía en riesgo a la economía mundial toda-, fue inyectar dinero en cantidades astronómicas, comprando bonos del Tesoro y manteniendo el costo del dinero prácticamente en 0, bajando hasta el límite la tasa de interés de referencia.

Los sucesivos programas de compra de títulos se aplicaron en tres etapas hasta el año 2014 y llevaron el nombre de “QE” (Quantitative Easing). Estos programas prolongados y sistemáticos de estímulo artificial de la economía crearon nuevas reglas de juego: hicieron sentir a determinados sectores financieros que eran intocables, que la FED iba a encargarse permanentemente de rescatarlos, de manera ilimitada y por tiempo indefinido. Ante la salida de Janet Jellen de la conducción de dicha entidad, estos actores han decidido “marcarle la cancha” muy fuertemente a su sucesor.

En estos diez años los mercados financieros se han comportado de manera paradójica: reaccionando negativamente ante cada mejora de los datos económicos de la economía real; simplemente por entender que dicha mejora redundaría -tarde o temprano- en el retiro de los estímulos.

Lo que vimos este último “Lunes Negro”, no fue otra cosa que la más dura –por el momento- reacción negativa de los mercados a datos positivos de la economía estadounidense, que favorecerían la decisión de seguir elevando la tasa de interés como freno a un posible estímulo de la inflación.

La noción que vuelve a colocarse sobre la palestra es la del “Riesgo Moral” (Moral Hazard), la que sostiene que se debe evitar a rajatabla rescatar a las empresas o capitalistas en riesgo de quiebra; con el objeto de depurar la economía y sostener reglas de juego que incluyan premios y castigos al accionar de los actores económicos.

En el año 2008 la economía mundial se hallaba involucrada en una gigantesca burbuja, de la que aún la economía mundial no ha logrado escapar. Más bien se ha dado una “huida hacia adelante”, generando paliativos transitorios que no hacen más que agravar el fondo de la cuestión.

Queda por ver entonces si, efectivamente la FED está dispuesta a continuar adelante con su plan de elevar la tasa de interés, apuntalando el fortalecimiento externo del dólar, o decide frenar una vez más el alza en este 2018.

Debe ser explicado el hecho de que las tasas de interés de referencia cercanas a 0 de los bonos del tesoro estadounidense fueron desalentando paulatinamente, una vez que el pánico de 2008/9 se fue disipando, el flujo de capitales especulativos hacia los EEUU y los dirigió a los mercados emergentes en busca de mayores tasas de interés. De este apetito por los diferenciales de tasa se viene nutriendo la actual gestión de Cambiemos para imponer su modelo basado en el endeudamiento externo.

Debe tenerse muy presente, en este punto, que toda incertidumbre entre los inversores se manifiesta generalmente en la huida de los capitales hacia los países centrales, lo que –una vez más- va a afectar severamente a nuestro país que, para colmo, se encuentra en una situación de enorme vulnerabilidad externa por su necesidad voraz de endeudamiento para cubrir su elevado déficit fiscal.

Esta búsqueda de mayor seguridad (en desmedro de la rentabilidad), dirigida hacia los Bonos del Tesoro de los EEUU -la inversión que posee, supuestamente, riesgo “0”- se denomina en la jerga “vuelo hacia la calidad” (fly to quality).

Es difícil afirmar hoy las repercusiones que puede tener esta disputa. Es complicado saber si estamos iniciando, tras un 2017 de euforia pocas veces vista de los mercados financieros internacionales, un cambio de tendencia y el comienzo de un “bear market” (mercado bajista). Lo que está claro es que, cualquiera sea la profundidad de la crisis, ésta no trae buenas noticias para nuestro país-que verá sin dudas incrementado el costo de su endeudamiento (cosa que ya ha comenzado a indicar con su suba el “Riesgo País”)- así como tampoco las trae para el 99% de la humanidad; a menos que seamos capaces de lograr, de alguna forma, de marcarles la cancha al 1% que es el principal beneficiado de la fiesta bursátil.

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