Nuestra querida Argentina pública

Laura Beherán

Muchos somos productos de una  Argentina pública. Nacimos en el  hospital público, fuimos a la escuela pública y luego a la universidad, también pública. Somos eso y le debemos todo, o mucho al Estado. Y es un gran orgullo tomar conciencia de eso, sobre todo en un mundo donde la mayoría de los países  dejan morir a la gente que no tiene acceso al sistema privado de salud, por ejemplo. Y no exagero.

El conflicto docente es un gran conflicto. Es un conflicto político, sin lugar a dudas, y eso no debiera tener nada de malo, todo lo contrario, pues qué hacer con la educación es y debe ser siempre uno de los temas políticos de mayor envergadura para una nación.

El uso partidario que se haga de él ya es otra cosa, o el manoseo de sus dirigentes, y/o la utilización personal de los conflictos y en muchos casos “el llenarse los bolsillos” a costa de, ya es otra cosa. Otra cosa de las que lamentablemente pasan en Argentina, lo que lo hace un conflicto además, muy triste.

Y así, pasamos años y años de discutir si está mejor o peor una protesta y nuestra memoria se retrotrae hacia la “carpa blanca” de los 90, a la eterna presencia de Baradel en estas épocas,  al mezquino aumento de 18 o 19 por ciento y nos perdemos en “árboles que tapan bosques”, sin ver, que de mal en peor, decae poco a poco nuestra querida escuela pública, esa escuela pública que le daba a todos la oportunidad de ser dignos, de tener un futuro, de ser orgullosamente argentinos.

Una escuela pública de mucho prestigio académico pasó a ser un lugar de contención para los más necesitados, un lugar al que muchas  veces se va “para almorzar” y después para aprender, y en esa dinámica, a veces, la segunda no se logra porque todo no se puede. Y no se puede simplemente porque son tan pocas las herramientas, que la exigencia es demasiado alta.

Y por eso la cuestión “docente” genera un gran enfrentamiento ideológico en la sociedad. Una gran grieta. Los paros son entendidos en su “fondo” pero no en la “forma” por gran parte de la gente. Cuando el gobierno dice que hay una claúsula “gatillo” en la propuesta salarial que impide que el salario quede por debajo de la inflación muchos piensan que no hay reales motivos para semejante rechazo y fustigan contra los trabajadores de la educación y sus representantes gremiales, especialmente.

Sin embargo, cuando inmediatamente después  de hacer las cuentas, el salario de un docente (con lo que significa hoy estar frente a un aula) es una retribución por debajo de la línea de pobreza (determinada por el propio INDEC) entonces la otra mitad justifica, con creces, sus acciones.

La pregunta sin respuesta es… en un sistema donde todo parece deteriorarse…¿quién tiene que poner el hombro…cómo se sale?  La respuesta es naif pero después de años y años de más de lo mismo no hay muchas otras: hace falta un gran esfuerzo, un gran acto de generosidad, una visión superadora entre los representantes de la política y la de los gremios. También la de los maestros y la de los padres, la de todos y cada uno de nosotros para hacer bien lo que asumimos hacer, para sacar del medio egoísmos y personalismos, para construir y no destruir, para pasar este cuello de botella  y salir a flote porque los cimientos que estamos dinamitando son de todos.

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