Las tensiones entre el gobierno y el sindicalismo que estallaron luego de la concentración del pasado 22 de agosto en Plaza de Mayo siguen manifestándose en diversos ámbitos, particularmente en las tensiones internas de la CGT que debe definir una posición más conciliadora o más confrontativa hacia el próximo plenario Confederal del 25 de este mes. El camionero Pablo Moyano insiste con la necesidad de impulsar un paro general mientras que Andrés Rodríguez, de UPCN, sostiene que no es el momento, en coincidencia con el discurso oficial que considera que la recuperación económica está en marcha y que una medida de fuerza sindical sería “ridícula”.
Pablo Moyano, secretario general adjunto de Camioneros y secretario gremial de la CGT, consideró en recientes declaraciones que “no se descarta” que la CGT convoque a un paro general luego de la próxima reunión del Comité Confederal. “Se va a discutir dentro de la CGT cómo se sigue confrontando a este gobierno que no escucha y que no recibe a los trabajadores”, afirmó. Y añadió: “Este gobierno desprecia a los trabajadores”.
Moyano alertó especialmente acerca de las intenciones oficiales de “allanar el camino” para avanzar con una reforma laboral: “Nosotros no somos Brasil. En la primera que quieran meter la reforma se viene una pelea importante”. En ese sentido, insistió con la necesidad de que el gobierno no salga consolidado de las elecciones de octubre: “Si llegan a obtener un triunfo seguramente van a salir con toda la propaganda y con toda la fuerza para imponer una reforma laboral que no va a perjudicar a los dirigentes o los sindicatos pero van a atacar a los trabajadores”.
En la vereda sindical opuesta, el secretario general de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), Andrés Rodríguez, fue el primero en manifestar públicamente la posición más asociadas a los gremios mayoritarios de la central cegetista que considera que el gobierno obtuvo un respaldo significativo en las PASO que deslegitimaría una medida de fuerza. Rodríguez consideró que “no es momento para hacer un paro general”, aunque planteó una perspectiva tendiente a articular un “programa de acción” para canalizar los reclamos de los trabajadores.
Rodríguez negó que Juan Carlos Schmid haya afirmado en su discurso de la movilización del 22 de agosto que la CGT iba a impulsar un paro general y agregó que descartar esta medida de fuerza en lo inmediato “no significa resignar una lucha ni deshacerse de los reclamos de la agenda de los trabajadores, simplemente establecer que en el actual contexto no es momento para hacer un paro”. El sindicalista también descartó que la remoción de dos funcionarios vinculados al gremialismo pueda ser considerada como una “represalia” del gobierno por la movilización y opinó que se trató meramente de un “ordenamiento del área de trabajo”.
De esta forma continúan definiéndose dos sectores dentro de la central de trabajadores, con un espacio, sobre todo el vinculado a los gremios mayoritarios o “gordos”, que apuesta a continuar con la línea dialoguista con el gobierno y otro, más radical, encabezado sobre todo por la Corriente Federal de Palazzo que sigue motorizando un paro general.
Desde el gobierno continúan las manifestaciones tendientes a desactivar la perspectiva de una acción sindical. El ministro de la Producción, Francisco Cabrera , desmintió la perspectiva de avanzar inmediatamente en una reforma laboral para después de octubre, aunque planteó la necesidad de abrir una “discusión con el sector del trabajo respecto a los desafíos de una economía moderna”.
Acerca de la posibilidad de un paro general consideró que sería “inoportuno” en un momento que “crece el empleo, la productividad y la inversión” y advirtió a los gremios que llevar adelante una medida de fuerza de ese tipo sería “ridículo”. “Hay un clima de confianza en el crecimiento económico que se ha dado en dos sectores: empresarial y sindical”, concluyó.