En las próximas elecciones legislativas el foco, como es habitual, estará puesto en Buenos Aires, por su gran caudal de votantes. Pero, además de la legislativa nacional, existe otra batalla menos visible que es la de la Legislatura bonaerense, pieza clave para blindar la provincia y afirmar desde allí el poder del kirchnerismo.
Según las encuestas no variaría el resultado de las PASO y si eso fuera así, el Frente de Todos no lograría ganar el control del Senado local, en manos de Juntos por el Cambio. En este contexto, la Legislatura se vuelve un ámbito decisivo de poder en la provincia de Buenos Aires.
Por su parte, Axel Kicillof tras asumir apuntó contra la mayoría opositora en el Senado provincial con el argumento de que frenaba algunos de sus proyectos; del mismo modo, Juntos por el Cambio le reprochó al kirchnerismo falta de voluntad para negociar. Las consecuencias del conflicto son variadas, desde las vacantes que siguen sin ser cubiertas en la Justicia hasta la Tesorería General y el directorio del Banco Provincia.
En su momento de mayor fortaleza, el oficialismo apostó a alguna migración desde el bloque de JxC, que a pesar de la derrota de 2019 mantuvo 26 de las 46 bancas en la Cámara alta local. También, a provocar una fisura que derivara en la formación de otro bloque más sensible a la negociación. Hubo alguna gestión incluso desde las cercanías de Alberto Fernández, antes de que estrenara el cargo de Presidente. Algunos ofrecimientos de destinos diplomáticos. Pero nada prosperó.
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En este contexto, un triunfo holgado aunque menor al de hace dos años atrás podría volcar la relación de fuerzas: agrandar diferencias en Diputados y revertir el cuadro del Senado. El sistema de la Provincia establece que la mitad de sus ocho secciones electorales vota diputados y las otras cuatro, senadores; y se alternan cada dos años.
En noviembre, las que renuevan bancas en la Cámara alta bonaerense son la 1ª (Norte y noroeste del Gran Buenos Aires), la 4ª (Noroeste de la provincia), la 5ª (La Costa y partidos cercanos) y la 7ª (Centro de la provincia). Naturalmente, la primera es la de mayor peso en número de votantes. Las bancas se renuevan por sistema proporcional, con piso, lo cual especialmente en el Senado suele dejar escaso espacio para terceras fuerzas.
En este sentido, el oficialismo concentra sus esfuerzos en la primera sección. Allí, en las elecciones primarias, perdió por algo más de 4 puntos frente a la oposición, que terminó en el 38 por ciento. Las diferencias oscilaron entre los 17 y los 21 puntos en las otras secciones que disputan senadores. Si en las elecciones que vienen los resultados son parecidos, quedaría frustrado el objetivo de La Plata y de la ex presidente.
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En el frente oficialista, Cristina considera la provincia como base indiscutida, entre otras razones porque allí había logrado su mayor caudal de votos propios. La relación con los intendentes, conflictiva, registró la convivencia con La Cámpora, que de todos modos terminó negociando con los intendentes peronistas de mayor peso para coronar a Máximo Kirchner como presidente del PJ provincial. Pero recién después de las PASO ganaron lugar en el gabinete del gobernador.
De cara a las elecciones, los intendentes, al igual que los gobernadores peronistas en general, son ahora los más demandados por el equipo de la campaña nacional. Ese llamado de campaña terriotorial fue visto de mala manera por algunos intendentes, que conocen sus espacios de poder, llevan muchas campañas encima y no ahorran, algunos, en clientelismo explícito.
Cualquier intendente sabe que es vital para su futuro inmediato mantener el control del concejo deliberante, lo mismo sucede para el gobernador de la provincia de Buenos Aires Axel Kicillof.