Radicalismo: La boina blanca se está poniendo negra

Por Rubén Pereyra

“Esto es muy simple: si el oficialismo gana en provincia de Buenos Aires, el triunfo será mèrito de Mauricio Macri y de Marìa Eugenia Vidal. Si el oficialismo pierde, la culpa va a ser nuestra.” Un dirigente que se mueve en el armado del radicalismo en provincia de Buenos Aires resumió sencillito la encrucijada en la que se encuentra hoy el centenario partido, aliado a nivel nacional del gobierno de Cambiemos.

La convención partidaria que se realizó el lunes 3 de abril en Mar del Plata hacía presagiar algunos cambios, a pesar de que se ratificó la unidad del espacio,al menos hasta estas elecciones de 2017. “Sappia es un hombre del espacio crìtico del gobierno –nos define otra fuente–, se podría decir que nosotros logramos ganar la convención porque Puig de Stubrin respondía directamente a Sanz. El cordobés Sappia no.”

No obstante, si bien Sappia representa a la base del partido (“hoy la mayoría de los militantes es crítico del gobierno”, nos cuentan los referentes radicales), la política grande, el poder económico y la llegada a la Casa de Gobierno sigue estando en poder de Ernesto Sanz, el artífice, junto con Lilita Carrió, de la ruptura de Unen y la conformación del frente con el Pro.

Los acuerdos provinciales y municipales –como últimamente lo reflejan los casos de Santa Fe y Tandil– seguirán siendo una constante, por el que pagan un alto costo político, pues las presiones del Pro son muchas. “En Tandil hace 20 años que ganamos nosotros, cómo el Pro va a pretender posicionarse en una ciudad donde no tienen nada”, nos cuenta un dirigente que vio de cerca las negociaciones.

Todas las fuentes consultadas por Informe Polìtico coinciden en que por ahora no habrá ruptura ni nadie sacará los pies del plato, aunque son conscientes de que pagan un alto costo político con la militancia. Habrá, sí, dirigentes con más o menos exposición, como Ricardo Alfonsín, que se permitirán la crítica al Gobierno nacional; pero nunca hasta el extremo de hacer peligrar la alianza.

Los radicales son conscientes de que, una vez más, se encuentran al borde de una crisis que puede transformarlos de partido en paritidito y de que el Pro se termine fagocitando a una parte de la centenaria fuerza. El escepticismo de la base, por el apoyo a medidas económicas y políticas que no comparten, puede hacer peligrar la fuerza militante y la sangría puede debilitarlos de tal modo que el famoso armado nacional de la UCR –de la que se sirvió el Pro para ganar las elecciones nacionales en 2015– puede quedar reducido a la nada.

“Nosotros en estas elecciones vamos a perder al menos 10 bancas en la Cámara de Diputados. Y todas esas se las va a llevar el Pro, no se las lleva la oposición. Estamos en un momento complicado”, reconoce con preocupación nuestra fuente.

 

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