Relato económico M: Discurso vs. Realidad (I)

A semanas de las PASO,  la justificación estadística de los funcionarios y propagandistas del Gobierno nacional está cobrando un vuelo estratosférico, algo particularmente violento si se lo contrasta con una realidad económica y social que, a ojos vistas, no para de empeorar. Pero, para no hacer análisis “impresionistas” basados meramente en la percepción cotidiana de la calle y los barrios, trataremos de trabajar con algunos datos estadísticos.

Un Estado no funciona con la misma lógica que una familia o un almacén, como suelen sostener algunos economistas abusando del didactismo, generalmente para justificar los más brutales ajustes. No es recomendable, pero un Estado puede sostener deuda externa por muchos años, renegociarla e incluso desconocerla. Estados Unidos, ejemplo de muchos políticos vernáculos, tiene una deuda pública de casi 20 billones (millones de millones) de dólares, que viene creciendo imparablemente desde la administración Reagan y que hace algunos años ha logrado superar a su Producto Bruto Interno (PBI). EEUU debe más de un año íntegro de producción nacional. Ningún almacén podría transformarse en el más importante del mundo con esos números, por lo que es obvio que allí entran en juego otras importantes variables geopolíticas, más allá de la pura suma y resta.

Déficit fiscal

En la mayoría de los casos se toma deuda externa para compensar el llamado “déficit fiscal”, que tiene que ver con la diferencia entre lo que un estado recauda (por impuestos u otras vías) y sus gastos u obligaciones de pago. Si recauda menos de lo que se gasta hay déficit, si recauda más, superávit. Si todo cierra justo, estaremos en la mágica situación de “equilibrio fiscal”, nirvana de los economistas liberales

Durante 2015 Cambiemos recurrió a la denuncia del déficit fiscal como argumento central de campaña. Los candidatos macristas y sus periodistas afines se desgañitaron aullando contra el supuesto déficit fiscal del 7% que estaría dejando Cristina Fernández de Kirchner. Más allá de que los datos económicos siempre pueden construirse más o menos a favor de la hipótesis que uno desea sostener (la famosa “contabilidad creativa” aplicada infaliblemente por todos los gobiernos), el déficit de 2015 nunca llegó a esa cifra. Un informe del Ministerio de Hacienda publicado en marzo de 2016 reconoció que el déficit primario (sin rentas financieras) fue de 1,9% del PIB, mientras que el déficit financiero llegó al 4,2%. El déficit fiscal primario de 2016 reconocido por Hacienda fue 359 mil millones de pesos (4,6%) y para este año ningún economista apuesta a una cifra mucho menor, mientras que algunos pesimistas anticipan hasta a un 8% del PBI.

Los que en campaña alertaban acerca de un déficit que podía convertirnos en Venezuela, desde el gobierno no hicieron sino incrementar esa variable. Pero todo tiene su lógica ya que, si por un lado el Estado renuncia a recaudar (permitiendo que exportadores de granos y mineras dejen de pagar retenciones, por ej.) y genera una retracción del mercado interno que inevitablemente impactará en la recaudación tributaria y, por otro, no reduce ninguno de sus gastos, está claro que el déficit no hará otra cosa que crecer.

Durante 2016 la recaudación aumentó apenas un 26% mientras que el gasto público total creció un 39,3%. Dentro del gasto público, tres rubros concentran el 56% de las erogaciones: jubilaciones, salarios e intereses de deuda. Los dos primeros, altamente inelásticos, aumentaron durante el año pasado 37 y 34% respectivamente. Los intereses de deuda crecieron 53,3%. Sin embargo, el sector más expansivo durante 2016 fue el de Subsidios al Sector Privado, que creció un 56.9%. Hace apenas una semana, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne festejó una reducción del 4% durante el primer semestre en esta partida (destinada sobre todo a empresas de energía y transporte). La quita de subsidios y tarifazos de 1500% lograron un impacto menor al 5% en el presupuesto nacional. Alguien se la está llevando en pala y no es el Estado ni los usuarios.

Más en general, Dujovne reconoció un aumento del 76% del déficit fiscal del primer semestre en comparación con el año anterior, sobre todo debido al aumento de 136 mil millones de la cuenta Intereses de deuda (que explica el 55% del incremento), una cifra brutal que no logró compensar siquiera el blanqueo de capitales récord del mes de abril.

Deuda, jubilaciones y salarios

Un reciente informe de la Universidad Metropolitana de la Educación y el Trabajo (UMET) confirma que nuestro país es el más se endeudó a nivel mundial desde la asunción de Mauricio Macri. Desde entonces se tomaron más de 46 mil millones de dólares de deuda, más que duplicando lo pedido por Arabia Saudita (17.500 millones) y por México (12.500). Si se suman las emisiones de  deuda provinciales y del sector privado, se alcanza la friolera de 90 mil millones de billetes verdes.

Y la cifra no para de crecer, ya que se toma deuda con ritmo casi semanal, incluso en operaciones tan cuestionadas como el famoso “bono a 100 años” por el que se obtuvieron 2.750 millones de dólares y se terminará pagando más de doce veces ese valor, incluyendo más 4 millones sólo en concepto de comisiones y honorarios a los diversos intermediarios y gestores.

Más allá de lo aterrador de la toma de deuda, el problema más grave es su destino, tal vez justificable si se hubiera invertido en obras de infraestructura pero claramente preocupante si se destina, como fue el caso, a gasto corriente del Estado y a financiar una de las fugas de capitales más grandes de la historia nacional.

El más reciente informe del Observatorio de la deuda de la UMET, el quinto, del mes de junio, afirma: “En total, se estima que la fuga de capitales, calculada como la salida de moneda extranjera en concepto de Formación de Activos Externos (FAE) del Sector Privado no Financiero (SPNF), giro de Utilidades, Dividendos y Otras Rentas, y Turismo, es de USD 11.395 millones en lo que va de este año: un 30% y 109% más que en enero-mayo de 2016 y de 2015, respectivamente. Si se adicionan los USD 19.731 millones fugados en 2016, la fuga total de diciembre de 2015 a mayo de 2017 asciende a USD 33.849 millones”. Buena parte de los dólares que entran como deuda, se fugan inmediatamente.

El tema del empleo estatal, que se lleva buena parte del presupuesto público, también fue un eje de campaña del macrismo. Al asumir encararon una fuerte tarea de reducción de lo que definieron famosamente como “grasa militante”. Luego de miles de despidos estatales (hasta abril de este año, el Despidómetro registró 33.052 a nivel nacional, provincial y municipal) lo llamativo es que la plantilla del Estado no sólo no se redujo sino que aumentó (desarrollaremos el punto en un próximo artículo).

Por esto, entendiendo que dos de las partidas más importantes de los desembolsos del Estado no tienen perspectivas de reducirse sino todo lo contrario, queda clara la lógica de Cambiemos que apunta a achicar la restante: el pago de jubilaciones. Por eso los constantes recortes en las prestaciones del PAMI, la cancelación de pensiones por invalidez, los anunciados ajustes a la baja en la fórmula para calcular la movilidad jubilatoria y la reciente propuesta de extender la edad de jubilación. Coherencia absoluta.

Déficits gemelos

Otra variable importante para evaluar la salud económica de un país es la del déficit o superávit de la balanza comercial, es decir, la diferencia entre el total de dinero ingresado por exportaciones y lo salido para financiar las importaciones.

Si un eventual superávit comercial, que implica ingreso de divisas, se da en un contexto de superávit fiscal los economistas gustan hablar de “superávits gemelos”. Esta dupla caracterizó a la economía argentina por lo menos entre 2003 y 2012, cuando comenzaron a complicarse las cuentas del kirchnerismo y debió limitarse la salida de dólares con medidas como el famoso “cepo”. Sin embargo, veremos que la administración Cambiemos no ha hecho más que empeorar seriamente el panorama.

Según el Instituto de Estadísticas y Censos (Indec) la balanza comercial de junio marcó un déficit de casi 750 millones de dólares, acumulando 1.500 millones en el segundo trimestre del año. Esto es especialmente preocupante porque este trimestre históricamente es el mejor gracias a las exportaciones de la cosecha de soja y de maíz, que generan un gran ingreso de divisas.

Es cierto que el complejo agrario está demorando las exportaciones y especulando con el precio del dólar (recordemos que se derogaron las regulaciones que los obligaban a liquidar sus operaciones rápidamente), pero éste no es el factor decisivo en términos económicos ya que el nivel de exportaciones se mantuvo constante. El elemento de violento desbalance de la ecuación tiene que ver con el incremento de las importaciones, que aumentaron un 17% respecto de 2016, un año en el que ya habían crecido notoriamente aún en un contexto de retroceso del consumo (lo que indica una clara sustitución de productos nacionales por importados).

Desde 1998 que no sufríamos un déficit comercial en el segundo trimestre. Si se toma el primer semestre de conjunto, el récord no tiene parangón hasta 1994. Otro logro del mejor equipo de los últimos 50 años.

 

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