A apenas algunas horas de que se concretara la movilización de la Confederación General del Trabajo (CGT) a Plaza de Mayo, el presidente Mauricio Macri decidió tomar represalias y enviar un mensaje de tolerancia cero al sindicalismo: removió al viceministro de Trabajo Ezequiel Sabor y al superintendente de Servicios de Salud Luis Scervino, ni más ni menos que el responsable del manejo de la caja de las obras sociales sindicales.
El presidente Macri no hizo grandes declaraciones públicas luego del acto de la CGT que tuvo como único orador al triunviro Carlos Schmid, que vertió duros conceptos contra el gobierno de Cambiemos. Apenas planteó, durante una actividad con jóvenes en la Casa Rosada, que considera que la movilización “Es una pérdida de tiempo, eso no lleva a ningún lugar”. Luego insistió con que “en la Argentina de la confrontación ya la vivimos y no llevó a nada”.
Pero el enojo oficial contra los sindicalistas que se negaron a levantar la medida de fuerza pese a las arduas negociaciones de los últimos días no iba a quedar sólo en palabras. En horas de la tarde del martes, Macri decidió subrayar la imagen de un gobierno que no hace concesiones -particularmente después del resultado de las PASO, que se lee como un claro aval de la sociedad- y decidió pedirle la renuncia al viceministro de Trabajo Ezequiel Sabor, quien venía operando como nexo entre el Gobierno y los sindicatos. El ministro Jorge Triaca decidió reemplazarlo por el abogado Horacio Pitrau, quien hasta hoy se desempeñaba como director nacional de Asociaciones Sindicales de la Secretaría de Trabajo.
Por otro lado, en un mensaje que ya no es simbólico sino decididamente contante y sonante, también se decidió desplazar al titular de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS). Luis Alberto Scervino había llegado al cargo por sus buenos vínculos con José Luis Lingeri, un ex dialoguista que el martes estuvo en el palco de Plaza de Mayo y titular del sindicato de Obras Sanitarias. Scervino se manifestó sorprendido por la decisión y lamentó que desde el oficialismo pueda habérselo considerado “funcional” a la CGT.
Scervino, que sería reemplazado Sandro Taricco (gerente General del organismo que dirigía y hombre de Graciela Ocaña), se autodefine como “sanitarista”, especializado en cuestiones técnicas y alejado de la militancia sindical: “La prensa en su conjunto dijo que yo era un hombre de la CGT y no hay peor mentira que una verdad a medias. Yo no soy militante del sindicalismo y me voy con mucha tranquilidad por mi gestión”.
Luego agregó: “A las obras sociales se le ha otorgado lo que marca la ley. Me voy totalmente conforme con lo que hicimos y agradeciendo a todo el equipo con el que trabajé, se cumplió con la ley de obras sociales, no inventamos nada”. Esto tiene que ver con que con la asunción de su cargo, el gobierno de Mauricio Macri envió un mensaje negociador al sindicalismo al devolverles el manejo de los 30.000 millones que el Gobierno cede a las obras sociales sindicales, que habían estado retenidos desde que el kirchnerismo radicalizó su enfrentamiento con Hugo Moyano.
En medio de los tironeos y mensajes cruzados, se suspendió la reunión prevista para este miércoles, en la que representantes de los gremios y del gobierno iban a discutir la demorada implementación de la Cobertura Universal de Salud (CUS), anunciada y decretada en agosto del año pasado, que apunta a proveer cobertura en salud a unos 15 millones de ciudadanos no alcanzados por la seguridad social. El plan se financiaría con 29.000 millones de pesos del Fondo Solidario de Redistribución de la SSS, de los que 8 mil millones constituirían un fideicomiso administrado por una Unidad Ejecutora con representación sindidical y gubernamental. Pero ante la nueva situación, el proyecto quedó nuevamente freezado.
Con esta decisión, el gobierno profundiza un perfil de “dureza” en diversos frentes, desde la represión a la movilización callejera hasta la ofensiva contra objetivos judiciales como el camarista Eduardo Freiler. El sindicalismo ha quedado también ahora en la mira y se anticipa que podría haber más medidas de presión en la medida en que se avance con un posible plan de lucha. Así parecer haberse decidido mantener buenas relaciones apenas con la cúpula de las 62 Organizaciones, que almorzaron con el ministro Jorge Triaca y miraron la movilización del martes por televisión, mientras que se cortaron los puentes de diálogo con todo el resto de los gremios que, aún fragmentados y sin una orientación común, luego de las PASO siguen considerando que los motivos de reclamo por el impacto económico y social de las políticas del macrismo continúan estando plenamente vigentes.