“El final de este cuento ya lo vivió mi viejo hace casi 30 años” le dijo uno de los integrantes de la cuadrilla de Edesur a su compañero de trabajo que, entre pedradas de los vecinos, llegaban al Jaguel, partido de Ezeiza para solucionar un inconveniente técnico que provocó la falta de suministro eléctrico por más de cuatro días en ese barrio del conurbano.
Vecinos furiosos con la empresa Edesur responsabilizaron a los operarios y le estallaron los parabrisas del vehículo a piedrazos. “La tarifa se incrementó en casi un 1.400 por ciento en dos años y el servicio empeora” dicen los afectados por los cortes en el suministro. Mientras tanto perciben que no se reinvierte lo necesario para solucionar los históricos problemas de distribución y cableado que afecta a todo el gran Buenos Aires, especialmente a distritos de gran magnitud como Ezeiza, Esteban Echeverría, Lomas de Zamora y Avellaneda, entre otros.
“Este malestar genera un estéril enfrentamiento de trabajadores contra trabajadores, que no son responsables de la situación, sino que es la ineficacia de las grandes empresas que no explican ni rinden cuentas, y que, con repetidas políticas liberales vuelven a escribir historias ya vividas” afirma Carlos Minucci, Secretario General de la Asociación del Personal Superior de Empresas de Energía (APSEE).
Minucci viene sistemáticamente denunciando este y otros hechos de precarización que afectan directamente a los usuarios y los trabajadores del sector “como producto de las políticas energéticas que está llevando adelante el gobierno, realizando despidos concretos y encubiertos a través de supuestos retiros voluntarios y jubilaciones forzadas”
“Al mismo tiempo ofrecen incrementos miserables de los salarios con porcentajes absurdos que claramente están por debajo de la inflación” asegura el dirigente sindical, enfatizando que “aquí se agrega el riesgo que esto implica al ofrecer una pésima prestación”.
Y concluye: “estamos nuevamente frente a una gran transferencia de riqueza del pueblo a los grupos concentrados que no están pensando en reinvertir su dinero, ni en producir en el país sino en la especulación financiera, lo que está provocando más desocupación y pobreza, con la consecuente destrucción de todo el tejido social”.