Las nuevas medidas que viene tomando Donald Trump en sus primeros días de gobierno, no dejan de generar estupor más allá de que no distan demasiado de lo prometido en la campaña que lo llevó a la presidencia de los Estados Unidos: ruptura de acuerdos comerciales, muro con México, amenaza de «mandarle sus hombres»; decreto antiinmigratorio y posterior despido de su Fiscal general por obstruir el objetivo.
La era Trump parece ser una gota más en el vaso, a punto de rebalsar. Ya el mundo y sus actores vienen dando firmes señales de que podemos estar frente a un conflicto internacional: la contienda en Siria, el ensayo de Irán con los misiles, los miles de muertos que se cobran los océanos, los refugiados, muchas veces, peor que muertos. Todas miserias que certifican las expresiones de Mikhail Gorbachov quien afirmó: “todo hace parecer como si el mundo se estuviera preparando para una guerra”.
Gorvachov, el último líder de la Unión Soviética nos advierte sobre los riesgos de “la militarización de la política y de la nueva carrera armamentista que llevan adelante principalmente Estados Unidos y Rusia”, del tono beligerante de los políticos, también de la televisión y los medios.
Lo está diciendo Gorbachov, Nobel de la Paz en 1990 entre otras cosas por trabajar en la caída del Muro de Berlín, en 1989, que dividía geográficamente Alemania Occidental de Alemania Oriental, pero dividía mucho más que eso. La caída del muro de Berlín puso fin a la guerra Fría. Fue algo tan categórico en la era Contemporánea, como tal vez lo sea algún día el Muro con el que está obstinado Trump.
Para vivir en paz es inminente la necesidad de desactivar también los otros muros: los muros del hambre y la pobreza, los muros del odio y la violencia: violencia doméstica, violencia sexual, violencia callejera. La violencia de la desigualdad de la que habla repetidamente el Papa Francisco, quien, dio el primer ejemplo demoliendo el «muro Vaticano» para traer a vivir a su casa a un grupo de refugiados.