Tiempo de definiciones en el juego de la deuda eterna

«El principal condicionamiento para continuar en la senda de la recuperación es precisamente la deuda con el Fondo Monetario Internacional», dijo el ministro Martín Guzmán en su presentación, acompañado de Alberto y ante la mayoría de los gobernadores y representantes provinciales. Con las cartas sobre la mesa, se avecina una salida y con la moneda en el aire, la disyuntiva es ajustar o crecer.

Lo primero es, que pese a las presiones de todo tipo por acordar (o por romper) y rápido, con el Fondo no hay plazo y los países no caen en default con el organismo. En todo caso, se extienden los tiempos y Argentina podría caer en cesación de pagos este años si no hubiera renegociación de los plazos y algunas condiciones en los montos.

De no mediar un acuerdo, desembolsar los 19.142 millones de dólares a pagar este año , entre capital e intereses, solo cabe en los dulces sueños de aquellos que plantean un ajuste salvaje y recortes en todos los planos del gasto e inversión pública. Y la tensión marcada inclusive en el interior del Frente de Todos, sobre ajustes de la actual administración, está lejos de esa cifra.

A confesión de parte, igual «pague la deuda»

Pese a que el monto prestado a la Argentina es de casi 45 millones de dólares entre 2018 y 2019, lo que lo convierte en el principal deudor del organismo con poco más del 60% de los recursos prestados desde Washington, el problema no es económico para el Fondo. Tiene una capacidad prestable de 1 billón de dólares, es decir que Argentina le debe menos del 5% de ese monto.

«La negociación con el FMI para resolver el problema de la deuda no es una cuestión de visiones sino de intereses en juego»

El nudo de la cuestión es, lo dijo este miércoles Martín Guzmán en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada, el «condicionamiento» que esa deuda implica para la Argentina. Y en ese punto, de mantenerse las posturas tanto del Gobierno de Alberto, como del organismo, hay una diferencia de criterios insalvable, pero con atajos, como en cualquier conflicto.

«La diferencia entre lo que plantea el Fondo y el Gobierno argentino consiste en diferenciar un programa que con alta probabilidad sostendría la recuperación económica que la Argentina está viviendo; es esencialmente un programa de ajuste de gasto real versus un programa que le dé continuidad a esta recuperación fuerte a la economía», afirmó el ministro de Economía en su presentación ante gobernadores y representantes de todo el país, algunos de manera presencial y otros en las pantallas de la distancia pandémica (y política’).

Alberto, por su parte, señaló que «ajustar la economía es dejar de crecer» y ratificó que para el Gobierno argentino «la palabra ajuste está desterrada en la discusión» que lleva adelante con el FMI.

«El problema de la deuda es un problema muy serio para la economía argentina y va a trascender a mi mandato», resaltó el Presidente.

«La deuda que eventualmente arreglemos va a superar mi mandato y va a superar el mandato del 2027. Por lo menos, va a estar presente en el escenario de la política argentina en los próximos diez años», pronosticó Alberto, en el diagnóstico compartido dentro y fuera del oficialismo.

Guzmán detalló que los compromisos de deuda plantean una «situación absolutamente insostenible» al afirmar que el sector público y el sector privado en la Argentina deberán enfrentar vencimientos por US$ 28.000 millones en 2022 y US$30.000 millones en 2023, el doble del superávit comercial del país.

«Es necesario poder refinanciar esas deudas, porque representan la capacidad de seguir adelante con una visión de programación económica sin condicionamientos», sostuvo.

El gobierno argentino plantea que la reducción gradual del déficit primario, diferencia entre los ingresos y gastos de la administración central, antes del pago de intereses de la deuda, se dará en función del incremento en la recaudación, como consecuencia de la mejor actividad económica, pero no sobre la base de recortes del gasto público.

La posición del FMI es clara e histórica, repite su tradicional receta de achicar el déficit con el recorte de las partidas para transferencias a la actividad económica, los programas sociales y los subsidios la seguridad social, con un déficit estructural, producto de la diferencia entre activos que aportan y pasivos que cobran. Ahora, además, en el organismo tienen la explicación perfecta para esa lógica: ajustar para que ellos puedan cobrar.

Las cartas están sobre la mesa y la verdad, es que por más imaginación que pueda aplicarse al juego, los mazos tienen un límite y cada participante tiene una cierta cantidad de maniobras a desarrollar. Barajar y dar de nuevo, la otra opción, es una forma de ganar tiempo. Pero la política y la economía son un juego de cartas marcadas y, en general, siempre se reciben los mismos naipes.

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