María Eugenia Vidal pasó de ser codiciada, elogiada y hasta posible candidata a presidente en 2019, ante un alicaído Mauricio Macri, a ser una dirigente sin rumbo claro y con pocos adherentes. Sin el aura que la caracterizó desde aquel octubre de 2015, mes en el que se sentó en el sillón de Dardo Rocha.
El punto de quiebre para «la leona» se dio en 2020, según el ala más dura del PRO, en la cuarentena. Momento en el que «desapareció», como manifiesta un dirigente identificado con los halcones en su diálogo con IP. «La gente necesitaba de una voz que la identifique, ya sea con su hartazgo o esperanza. Estaban Patricia y Horacio en ese contexto pero Vidal no y eso creo que le pasó factura», analiza a la distancia un hombre de militancia de años en e PRO y hoy con una banca en parlamento.
La realidad es que para el momento más complejo de la pandemia la ex funcionaria del GCBA estaba golpeada: perdió de manera categórica la provincia de Buenos Aires y no pudo desdoblar la elección provincial de la nacional. Sabía, y se lo repetía ante los suyos, que Macri iba a ser un lastre para los comicios pero no pudo ganar la discusión ante un Marcos Peña que no dio el brazo a torcer en ningún momento. Hay quiénes todavía culpan de la derrota de Vidal al ex jefe de Gabinete, «sin capacidad de autocrítica», como remarcan.
https://informepolitico.com.ar/vidal-critico-los-enfrentamientos-en-jxc-nos-alejan-de-la-gente/
La ex mandataria bonaerense reflexionó que el capítulo octubre 2019 le generó «una profunda herida». «Sentí que dejé todo en la cancha y no alcanzó, eso me dejó un profundo daño. Principalmente porque sentí que había desilusionado a todos aquellos que habían creído en mí», sostuvo.
Su paso posterior estuvo dedicado a la Ciudad, nuevamente. Un cambio de distrito que no le resultó gratuito, ante intendentes de la provincia amarillos, cercanos, que la pedían de nuevo en competencia bonaerense y un electorado que la votó para ser diputada nacional por el distrito más rico del país en 2021 pero sin números grandilocuentes. Un armador de la campaña reconoce que se esperaban que la boleta de JxC esté en el 50%. El número no llegó y a partir de allí «la leona» quedó casi a la deriva, con pocos caminos visibles.
Por el momento, pretende perseguir una quimera: ser presidenta, como lo reconoció en varias entrevistas, en medio de la polarización al extremo entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich por un lugar al frente de la Casa Rosada . Y los que piden por ella son pocos, apenas Martín Yeza, el cuestionado intendente de Pinamar, alza la voz para dar a entender que la legisladora nacional es fundamental de cara a las elecciones de este 2023.
No podemos naturalizar la violencia como forma política. Si eso requiere ser más claros en nuestros discursos, mirarnos a nosotros antes que al resto, bienvenido sea. Pero las acciones, que son las que cuentan, nos ponen del lado de la democracia. No todos pueden decir lo mismo.
— María Eugenia Vidal (@mariuvidal) January 11, 2023
Patricio Talavera, docente de la Universidad de Buenos Aires y codirector del Grupo de Investigación en Política Europea Contemporánea de la carrera de Ciencias Políticas de la UBA ofrece otra mirada del ocaso Vidal: no supo cuidar la base.
Citando lo sucedido con Nelson Rockefeller, gobernador de Nueva York entre 1959 y 1973, expuso que la ex gobernadora fue la «matriarca sensible que daba una proyección de sensibilidad social potente a un partido de hombres de clase alta aparentemente arrogantes, y fríos tecnócratas sin calle, a una candidata errática, que desesperadamente busca bañarse de las consignas del bando que nunca la contó como propia para hacerse querer, y que la acusa de borrarse en la cuarentena del 2020».
«La diferencia con Larreta es evidente: el hombre avisa que ganando o perdiendo, no renunciará a lo que es y a lo que cree. Vidal eligió que sí, y no tiene problemas en adoptar posturas básicas de lo que ella cree que piensa el elector ultra. 2021 pasó factura: surgió Milei, le tuvieron que poner una muleta para tapar la fuga hacia la derecha porque no convencía (Lopez Murphy) y quedó lejos de coagular en ella la suma de Vamos Juntos+Evolución 2017. En el medio rifó en el salto su capital bonaerense. Ya no puede volver, y consolidó imagen de falsedad», amplió.
En conclusión, para el profesional la diputada «cambió el ser plan B ante el naufragio de Macri en 2018 -2019, a un saldo negativo, de 38 de positiva pero con 52 de imagen negativa, según el registro de noviembre de @ESPOPok. Quedó como una veleta desconfiable para los moderados y como una infiel falsa para los ultras». «La lección de Rockefeller-Vidal: cuidar la base. Abrir nuevos mercados, pero cuidando la conexión con lo que tenés. No se puede ser todo para todo el mundo», completó.