Pese a ser parte de la alianza electoral que le permitió a Cambiemos obtener la provincia de Buenos Aires, los radicales nunca lograron hacer pie en el gobierno de María Eugenia Vidal, la decorativa presencia del Vice Daniel Salvador y el exiguo paso de Jorge Elustondo en el ministerio de Producción, relegado luego a una Secretaría con rango de Ministerio, como Ciencia y Tecnología, fueron las únicas materializaciones del acuerdo.
Por el contrario, a los peronistas, quienes compitieron contra Vidal y perdieron, les fue mucho mejor. Incluso esta semana corrió el rumor del posible desemabarco de Alejandro Granados, intendente de Ezeiza en el aun vacante Ministerio de Producción de la Provincia, aunque ello fue desmentido desde el entorno de Vidal y evadido por el de Granados.
Más allá de la incorporación o no de Granados, Vidal ya sumó a su Gabinete a Joaquín De La Torre, quien en las ultimas elecciones acompañó a Sergio Massa, y se incorporó al vidalismo para primero reemplazar a Elustondo, y luego ser «ascendido» a Ministro de Gobierno, llegando a ser hoy unos de los principales armadores políticos de la gobernadora, e incluso, una de sus espadas que tendrá en la mesa que conducirá la campaña de este año, coordinada por Fernando de Andreis, y asistido por el propio De la Torre y Federico Salvai, jefe de Gabinete provincial.
Además, Vidal también sumó Francisco Echarren, intendente ultra kirchnerista de Castelli, quien bajó el cuadro de Néstor y Cristina que tenía en su despacho, y se se puso la remera amarilla, para manejar el área de Vivienda. Esa noticia cayó como una bomba en la radicales de la Quinta Sección a la que el joven alcalde pertenece, pues no sólo es de un distrito chico, sino que era opositor.
Mientras tanto, los radicales siguen trabajando para dejar de ser una alianza electoral y conformar una verdadera alianza política con el PRO, pero ese paso les está costando muchos dolores de cabeza y ningún resultado.
Ya no sólo pretenden sentarse en una mesa de diálogo y que los escuchen amablemente, sino tener injerencia real en los planes de Gobierno. Y si bien ha habido paciencia de parte del centenario partido, los tiempos corren y ya es hora de que «demuestren cierta gratitud y compromiso con sus aliados, sin los cuales “son conscientes” no hubiesen llegado al gobierno ni podrán tener buenos resultados en octubre.
“Justo Echarren” fue una de las frases escuchadas en la última reunión política que se realizó en Tandil. Allí marcaron la injusticia, sobre todo aquellos radicales que vienen haciendo prolijamente los deberes, lo que hace suponer que tendrían prioridad a la hora de proponer algún desembarco en el gabinete provincial.
Eso también quedó atrás, pero los intendentes radicales tenían una tercera esperanza, y un gran interés: “tirar el nombre de lo que creían podía ser un gran ministro de Producción”. Para ello, el día que se reunieron Vidal y Monzó en la sede del Banco Provincia, esperaron su turno y un grupo grande de referentes radicales fue recibido por el Jefe de Gabinete, Federico Salvai, quien ante la propuesta, y sin demasiadas vueltas les dijo que esa cartera estaba reservada para “alguien importante”, categoría en la que aparentemente, no hay ningún radical.