Y ahora, ¿quién lidera?

Podemos empezar a discutir que hay una nueva situación política, pero para quien escribe estas líneas esto ya pasó. Es decir, junto con la ofensiva política y económica del oficialismo, al enviar al Congreso aquellos proyectos de ley que hasta hace algunas semanas negaba, se desarrolló también un vasto movimiento opositor, por ahora sin dirección clara.

Las dos últimas marchas contra la reforma previsional mostraron que hay varios sectores que lideran el movimiento opositor. Uno es más orgánico, el frente sindical. Se los vio con mucha capacidad de movilización en ambas marchas. Políticamente, al menos en lo que conforman la CTA y la CTF (corriente de la CGT), responden más al kirchnerismo o a Cristina Fernández, con sus más y sus menos.

Luego, el ala política del cristinismo, conformado por Nuevo Encuentro, La Campora y otros sectores de Unidad Ciudadana, que además están representados en el Congreso y en otros organismos legislativos.

Por otro lado, más minoritaria pero fuerte en capacidad de movilización, la izquierda y, en especial, el FIT, conformado por el PTS y el Partido Obrero.

Dentro de ese arco, más un montón de gente no organizada y encuadrada, se mueven los opositores movilizados. Por supuesto, este análisis excluye a los tirapiedras de la marcha del 18, porque no parecían responder a ninguna de estas fuerzas, más allá de los esfuerzos que hace el oficialismo para endilgarles esos violentos al kirchnerismo y la izquierda.

Por supuesto, no hay un signo igual entre cada fuerza. Electoralmente, la influencia de Cristina Fernández es muchísima. Es, sin duda, la líder de la oposición en el ámbito legislativo. Ha mantenido prudente silencio en los últimos días, como si no quisiera echar leña al fuego.

La izquierda, con todos los recelos que despierta, más una imprudente táctica política en los hechos coyunturales, que la llevaron a votar primero el desafuero de De Vido y luego condenar la persecución a los dirigentes del kirchnerismo, cuando vieron que esto se les podría transformar en un boomerang que los llevaría a la cárcel a ellos mismos.

La izquierda históricamente ha sido marginal en la Argentina, pero siempre ha tenido cierta influencia en algunos sectores de vanguardia, y en los últimos años ha logrado captar cierta dirigencia con influencia entre los trabajadores, en especial algunos sectores de la clase obrera industrial.

Para la izquierda está claro que disputar la dirección del movimiento opositor es vital para dar el salto de frente de vanguardia a movimiento de masas. Es todo un desafío, pero por lo que se ve, sus dirigentes todavía atrasan en audacia, si bien desarrollan públicamente consignas y actitudes políticamente correctas.

El movimiento kirchnerista es mucho más difuso, y sus vaivenes dependen mucho de lo que haga el resto del movimiento peronista, o sea, el Partido Justicialista. Por ahora, a caballo de lo que haga o diga Cristina, son quienes lideran este espacio, y no piensan en una unidad con otros sectores de oposición. No la necesitan porque su influencia es importante.

Un peldaño más abajo se encuentra un sector del Frente Renovador, que se reacomoda conforme los momentos políticos. Pasaron de ser cuasi aliados del Gobierno, en especial en provincia de Buenos Aires, a enfrentarlo en el Parlamento, sobre todo en lo que tiene que ver con el tratamiento de la reforma jubilatoria, cuando se vio un encendido discurso de una de sus espadas, Graciela Caamaño.

En ese amplio espectro se mueve hoy la oposición al Gobierno nacional. No hay liderazgos claros; la figura más prestigiosa es la ex presidenta, Cristina Fernández, pero ha demostrado tener un techo por el alto grado de rechazo que también genera. Pero claro, en la Argentina todo puede cambiar en poco tiempo.

Si no, que lo diga Cambiemos, hoy jaqueado por movilizaciones, cuando hace pocas semanas se encontraba ganando las elecciones legislativas.

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