7M: quiénes ganan y quiénes pierden

Por Rubén Pereyra

La convocatoria y acto de la CGT dejó heridos, y no precisamente aquellos que ensayaron algunos pasos violentos antes de la desconcentración. También resultaron favorecidos otros. En esta columna de Informe Político trataremos de dilucidar dónde quedaron unos y otros protagonistas de las últimas movidas sindicales.

CTA: condujo una concentración masiva, sin incidentes, y con escasa crìtica de parte de los manifestantes. Los silbidos y exigencias se los llevò Acuña, de la CGT. Los gremios docentes y estatales, los más fuertes de ambas CTA, se enfrentaron con el gobierno de Mauricio Macri desde el 10 de diciembre de 2015, y hoy recogen los frutos de esa consecuencia. Las centrales conducidas por Hugo Yasky y Pablo Micheli marchan hacia una unificación, fueron a la convocatoria cegetista, no se subieron al palco y quedaron como el sindicalismo “civilizado” que enfrenta al gobierno sin tregua. Está claramente entre los favorecidos por la coyuntura.

CGT: la unidad, se sabía, estaba atada con hilo sisal. Por eso hubo que conformar un triunvirato de conducción. Pensó que el gradualismo del gobierno favorecería su política dialoguista y no confrontativa, a caballo de una buena porción de dinero que les entró por las deudas que el Estado mantenía con las obras sociales. Demostraron ser incapaces de contener y encauzar el reclamo popular de paro general, y fueron sobrepasados en la marcha convocada por ellos mismos, tras la presión insostenible de muchos sectores de base. La central obrera y sus dirigentes son claramente perdidosos y desprestigiados.

Gobierno: si bien algunos cortos de vista pueden pensar que el Poder Ejecutivo sale fortalecido de la coyuntura, producto del papelón cegetista, la verdad es que la marcha fue claramente de oposición, hubo cuestionamientos pero no hubo enfrentamientos violentos, lo que marca que hubo crítica a la conducción, y mucha, pero primó en la convocatoria la consigna de ponerle freno a la política económica del oficialismo. Algunas encuestas marcan que dos tercios de la población rechazan la gestión económica del Gobierno. Macri, Peña y el ministro Triaca se quedan sin interlocutores fiables que conduzcan al movimiento obrero. El triunvirato ha demostrado tener un poder limitado. Los cuestionamientos a la cúpula cegetista incluyeron a los propios gremios cegetistas, no sòlo a los díscolos de la CTA. Un gobierno que no tiene con quién dialogar empieza a quedar aislado. Y eso está comenzando a pasar. Peligrosamente, el Gobierno parece dialogar consigo mismo.

Oposición: más allá de las acusaciones sin fundamento, que sindican al kirchnerismo como autor de la desestabilización de la conducción cegetista. Esto no fue así, a menos que la Cámpora y Nuevo Encuentro se hayan transformado en fuerzas que por sì solas pueden mover a cientos de miles y ponerlos de punta contra los popes sindicales. En síntesis, el kirchnerismo sigue teniendo rechazos, pero va acumulando simpatías, sobre todo por la conducta unitaria de su líder, que acertadamente decidió correr el foco de Comodoro Py para centrarlo frente al Ministerio de Producción. Acertada medida. Se habló del acto y poco del escrito presentado por Cristina Fernández en el juzgado de Bonadío.
El Frente Renovador alterna buenas y malas. Si bien dos de los miembros del triunvirato son claramente integrantes del massismo, muchos referentes aliados del ex intentedente de Tigre, Sergio Massa, y él mismo, son cada vez más críticos de la gestión Pro. El propio Macri y otros funcionarios se han manifestado públicamente contra Massa, a quien esperaban tenerlo de aliado un tiempo más.
Sectores como el Movimiento Evita (en algún momento criticados por acordar con el Gobierno) y otros movimientos sociales se reacomodaron rápidamente y volvieron a fustigar al gobierno y a todas sus políticas.
La izquierda, al menos una de sus alas, el FIT, también se fortalecen. Apoyaron la convocatoria por la base y criticaron implacablemente a la conducción de la CGT. Eso los ubica en una posición contradictoria pero esencialmente correcta. Había que movilizar contra las políticas gubernamentales pero también desconfiar de la conducción. Los hechos que se sucedieron, en donde no se vio a ningún dirigente del FIT, demostraron que tenían razón. Otras fuerzas, como el socialismo de Bonfatti, también se vienen reacomodando, aunque con más contradicciones, toda vez que en Santa Fe son gobierno aliados con la UCR, que a nivel nacional integra Cambiemos.
Podemos hilar más fino y sacar más dirigentes hacia un lado y hacia otro. Lo concreto es que se produjeron dos movilizaciones multitudinarias contra el Gobierno y que, de yapa, una conducción desgastada y con poco contacto con sus bases, sufrió los embates del movimiento obrero organizado, que cuando se empieza a mover es difícil de controlar.
Las semanas venideras darán realineamientos políticos y los eses subsiguientes, de campaña electoral, pondrán al rojo vivo el año político. Estamos a marzo y ya pasó de todo. Es de esperar que esto no se calme, a menos que el gobierno dé un volantazo en su política económica.

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