Por Nadia Quiroga
El 8 de marzo, en el marco del Día Internacional de la Mujer, habrá paro y protestas de mujeres en todo el país, uniendo las voces a las de congéneres de más de 45 países del mundo. Organizaciones sociales y sindicatos, partidos políticos y mujeres independientes pero organizadas, se suman a la medida de fuerza que tendrá distintas modalidades: ruidazos, movilizaciones, intervenciones callejeras, retención de tareas, y actividades culturales. La concentración principal será en el Congreso a las 17.00, con movilización a Plaza de Mayo.
«El feminismo es la aceptación de tres principios: uno descriptivo, uno prescriptivo y uno práctico. Un principio que es descriptivo, es un principio que se puede probar estadísticamente y que dice que en todas las sociedades las mujeres están peor que los varones», dice la filósofa feminista Diana Maffia. Esta realidad que en los últimos años ha derivado en una afirmación valorativa que cuestiona la (in)justicia de esta realidad (el «principio prescriptivo»), se concretará este miércoles en un paro internacional de mujeres (el enunciado práctico).
En Argentina una mujer es asesinada cada 30 horas, según las estadísticas «no oficiales» elaboradas por La Casa del Encuentro, las únicas existentes en el país que sigue teniendo en este ítem una de las tantas falencias que impiden luego la concreción de políticas públicas, pretendiendo que exista la voluntad acaso de desarrollarlas.
Las mujeres tienen aquí trabajos más precarios, jornadas más extensas y cobran un salario, en promedio, 27% menor que el de los hombres por la misma tarea. El reclamo por condiciones laborales más justas cobra también singular importancia en el marco del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. En un contexto de crisis económica, además, la consigna #NiUnaTrabajadoraMenos, ha generado el compromiso de distintos gremios que en muchos casos han dado asueto a sus afiliadas.
Las marchas del «Ni Una Menos» concretadas el 3 de junio de 2015 y misma fecha de 2016; el «miércoles negro», el primer paro de mujeres masivo en nuestro país, el pasado 19 de octubre; y cómo desconocer los encuentros nacionales de mujeres que se suceden desde hace 31 años cada vez con mayor presencia de compañeras, han sentado las bases de un creciente movimiento feminista que logra articular reclamos históricos, muchos de ellos instalados ya en la agenda política nacional, que además se articulan con las voces de otros países para cuestionar las bases del capitalismo heteropatriarcal y colonialista.
Mujeres que comenzamos a cuestionar los alcances del concepto «género», esta construcción social que otorga valores principalmente a partir del sexo del sujeto o sujeta en cuestión. Concepto relacional que, además, implica jerarquías, donde lo masculino está sobrevaluado y lo femenino, devaluado.
Es así como denunciamos ser quienes sostenemos y garantizamos la reproducción del sistema que nos oprime, al ser quienes reproducimos la fuerza de trabajo, garantizando que lxs trabajadorxs puedan seguir produciendo. El trabajo doméstico, las tareas de cuidado fuera y dentro del hogar, trabajo muchas veces «invisibilizado» al ser no remunerado, garantiza la existencia del capitalismo heteropatriarcal.
Este 8M, las mujeres paramos, sin que este sea un paro general no por “antihombres”, como bien lo explica la socióloga y activista feminista Paula Satta, sino porque los hombres no son los sujetos de esta transformación y protagonistas de esta lucha. Podemos parar el mundo, podemos hacerlo sin pedir que los hombres sean explotados, violados, acosados, precarizados, discriminados, asesinados. Porque mientras el machismo nos mata todos los días, el feminismo no ha matado a nadie.
Este 8M salimos a las calles, gritamos, exigimos, nos unimos hasta estar cada vez más juntas, empoderadas con el potencial de la sororidad. Porque somos más, porque somos todas, porque gritamos por las que ya no pueden gritar, este miércoles PAREMOS EL MUNDO.
*Nadia Quiroga es fpriodista, feminista. Integrante de Libres de Miedo y el Movimiento de Mujeres Sampedrinas Minerva Mirabal.