Aún no se anunciaron paros para esta semana. Sin embargo, todavía no comenzaron las negociaciones y el acuerdo entre Emova y la Asociación gremial de trabajadores del Subterráneo y Premetro está lejos de llegar.
«Como organización hicimos 3 presentaciones con pedido de audiencia para sentarnos a dialogar con la empresa, y aún con la paritaria vencida desde el día 28 de febrero, todavía no fuimos convocados», denuncian desde el Sindicato.
De esta manera, las partes del conflicto aún no han iniciado las conversaciones y la serie de paros rotativos del subte continuará en caso de que no lleguen a una resolución. «Ante la postura inflexible adoptada por la AGTSyP y la reiteración de las medidas, Emova continúa manifestando su disposición al diálogo, pero la reducción de la jornada semanal de 36 a 30 horas resulta inviable sin afectar las actividades de operación de la red de Subte», anticipa la empresa empleadora sobre uno de los aspectos cruciales del reclamo.
«Desde que iniciamos nuestros reclamos, la empresa EMOVA no nos ha presentado ninguna propuesta en relación a nuestros pedidos. Ya que la empresa manifiesta estar dispuesta a dialogar, y nosotros también, no debería haber ningún inconveniente en resolver esta situación, por eso le pedimos a las autoridades la máxima celeridad en abrir una mesa de negociación paritaria donde podamos llegar a un entendimiento respecto a nuestras condiciones salariales y laborales», explican desde Metrodelegados.
Dellecarbonara, de Metrodelegados, contra Emova: «Históricamente ha despreciado la vida»
«Asimismo, estos 15 paros que iniciaron el 29 de marzo fueron acompañados por bloqueos y aperturas de molinetes, en las que participaron personas que se ausentaron de sus tareas, por lo cual tuvieron los descuentos a los que hace referencia el gremio, en la liquidación de haberes del mes de abril. Estos descuentos corresponden a ausencias no remuneradas y a que las personas alcanzadas, que representan menos del 6% de la dotación total de la empresa, no trabajaron su jornada en forma completa», avanzaron desde la empresa concesionaria. Estos descuentos a los trabajadores se suman a la lista de reclamos del Sindicato, que tiene como puntos principales la reducción de la jornada laboral, a raíz de la insalubridad del trabajo, y la lucha por la eliminación del asbesto.
Por lo tanto, el principal reclamo de los trabajadores del subte es la reducción de la jornada laboral. Actualmente consta de seis días semanales de seis horas cada uno y un día libre. Por lo tanto, la reducción de las 36 horas semanales constituye uno de los puntos claves del plan de lucha. La búsqueda, en este sentido, es tener dos días de franco: “Nos quedó pendiente el reclamo de dos francos semanales porque la intención y la búsqueda tiene que ver con bajar la incidencia de todos los factores de insalubridad que son inherentes al trabajo que nosotros hacemos: electromagnetismo, vibraciones, sonidos, microondas, falta de contacto con la luz solar. Todo eso hace que trabajar en el subte sea insalubre y que tenga consecuencias sobre la vida de los trabajadores. La sobrevida después de la jubilación es muy corta”, contó a Informe Político Claudio Dellecarbonara, miembro del Secretariado Ejecutivo del Sindicato.
Sobre esta cuestión, desde Emova señalan que reducir la jornada laboral es “inviable” ya que afectaría las actividades de operación y mantenimiento de la red de Subte y que “no existe antecedente alguno en subtes de Latinoamérica y del mundo de una jornada semanal como la que está demandando el gremio”. Sin embargo, se muestran permeables a autorizar un segundo franco semanal pero no a reducir la horas trabajadas por semana: “Emova ha asistido a todas las audiencias desarrolladas por las autoridades laborales de la Ciudad, manifestando en reiteradas oportunidades su disposición a analizar cambios en sus esquemas de trabajo para que los colaboradores obtengan dos francos, pero sin reducción de la jornada semanal”, afirman en su comunicado.
El segundo punto del reclamo, del cual se desprende del primero, se corresponde con el de insalubridad del trabajo en el subte. Dellecarbonara sostiene que “nosotros hace unos 25 años que venimos con el reclamo de la denuncia de insalubridad del lugar donde trabajamos”, aunque “todavía no la conseguimos”.
Sobre este aspecto, desde Emova son tajantes y señalan que “no existe riesgo alguno para la salud de los trabajadores” ya que “se realizan permanentes mediciones de calidad de aire en todos los ámbitos del Subte cuyos registros arrojan resultados muy por debajo de los niveles admitidos en las normas y asimismo iguales o inferiores a los que se detectan en la vía pública”. Al mismo tiempo, desde la empresa concesionaria recordaron que “en el subte no hay declaración de insalubridad, tal como lo determinó la Sala II de la Cámara de Apelaciones del Trabajo”.
Sin embargo, a esta demanda histórica sobre la insalubridad del trabajo bajo tierra, se le agregó hace poco tiempo el descubrimiento de la presencia de asbesto en los subterráneos, un mineral que afecta principalmente a los pulmones y que provoca principalmente dos tipos de enfermedades: cáncer y asbestosis. Las personas con asbestosis tienen dificultad para respirar, a menudo tiene tos, y en los casos graves sufren dilatación del corazón.
Los principales afectados de la presencia de este mineral son los trabajadores de los talleres de reparación y mantenimiento “Rancagua” y “Villa Urquiza” de la Línea B, ya que ellos poseen un contacto directo con las formaciones y piezas contaminadas, aunque recientes pruebas indican la presencia de esta sustancia en la mayoría de las líneas que componen el servicio subterráneo y, a su vez, en todas sus secciones. Asimismo, esta problemática implica no solo un riesgo laboral en el ámbito del trabajo, sino también la afectación de la salud de todas las personas que utilizan el subterráneo como medio de transporte en la Ciudad de Buenos Aires: “Hace 5 años nosotros descubrimos además que nos hicieron trabajar con asbesto, un mineral cancerígeno, prohibido. Tenemos más de 80 compañeros y compañeras afectadas por el asbesto y todavía nos falta seguir haciendo exámenes médicos, y además se nos murieron tres compañeros en los últimos tres años”, narra Dellecarbonara.
Sobre esta dimensión, desde Emova reconocen que el asbesto no puede permanecer en el subte y comentan que trabajan en el plan de desabestización, que se realiza “a través de una mesa interdisciplinaria en la que participan también las entidades gremiales y que funciona en la Dirección de Protección del Trabajo del GCBA”. En este sentido, agregan que “se contrataron empresas especializadas y certificadas, que operan bajo la supervisión de la Agencia de Protección Ambiental de la CABA y de la Subsecretaría de Trabajo, para trabajos con asbestos y se ha avanzado desasbestizando las formaciones tanto en el Taller Rancagua (Línea B) como en Lacarra (Línea E)”. Asimismo declararan que el problema del asbesto “es una cuestión global”.
Por su parte desde Metrodelegados insisten en que “lo que exigimos es que se retire el asbesto como marca la ley. No podemos trabajar, no está legalmente permitido que se tome contacto con ese mineral que además de afectar la salud de los trabajadores afecta la salud de los usuarios. No hay ninguna estadística de cuántos damnificados totales puede haber”.
Por lo tanto, la reducción de la jornada laboral implicaría en este marco dos resultados virtuosos: la reducción del tiempo a la exposición del asbesto y un aumento de los puestos de trabajo: “Los últimos 50 años la productividad del trabajo aumentó sideralmente, y no fue en función de generar más puestos de trabajo, mejores salarios, mejores condiciones, sino que fue un beneficio de las grandes patronales que han aumentados sus ganancias extraordinariamente. Reduciendo la jornada laboral, estás generando fuentes de trabajo, que es lo que pasaría en el subte”, comenta Dellecarbonara, ya que “en los últimos cuatro años se eliminaron casi 500 puestos de trabajo”.
En cambio, desde Emova argumentan que en otras ciudades como Madrid, Nueva York y Santiago de Chile “son mantenidos con protocolos similares a los nuestros”, mientras que “los empleados realizan jornadas laborales en Madrid de 37,5 horas semanales, en Nueva York de 43 y en Santiago de 45”.
El conflicto entre los trabajadores y la empresa concesionaria tiene, por lo tanto, diferentes aspectos y aún capítulos por desarrollarse. A la espera de la definición, desde el sindicato comentan que el «el plan de lucha va a continuar»: «La idea es continuar hasta tener una respuesta satisfactoria a lo que estamos reclamando, no queremos tener que seguir lamentados compañeros enfermos y muertos». Desde Emova, en tanto, lamentan que los usuarios se vean perjudicados y permanecen alertas a las nuevas medidas de fuerza que puedan desarrollarse en las próximas semanas. Mientras tanto, la mesa de negociación sigue pendiente y aún las conversaciones no se pusieron en marcha, por lo que aumentan las chances de que se anuncien paros en los próximos días.