La nueva configuración del gabinete nacional, producto de la crisis económica, social y política que atraviesa el Frente de Todos terminó de encumbrar a Sergio Massa, debilitar aún más a Alberto Fernández y generar una ola de cambios, con una certeza: si el tigrense logra sacar adelante la economía, se perfila para ser el postulante del FdT. Si fracasa, su futuro será oscuro.
La llegada del diputado nacional comenzó a tomar temperatura desde la renuncia de Martín Guzmán y no se concretó por el conjunto de exigencias que planteó el legislador en sus conversaciones con Fernández y que Cristina Kirchner no terminó de madurar.
Pero las versiones de su llegada al gabinete, con Silvina Batakis al mando de Hacienda, jamás se acallaron y fueron producto de especulaciones hasta último momento, en el que el jefe de Estado, acorralado, sin norte y con una corrida cambiaria a pura velocidad, decidió de alguna manera dar por terminado sus intentos de torcer la realidad a su modo y cumplir con las pautas que le exigió el legislador para asumir un super cargo que derivó en una ola de cambios con un final incierto.
Existió otro factor: los gobernadores le pidieron por privado y en público al Presidente una modificación del rumbo. Asimismo, sin sonrojarse y por Twitter, el desfile de pedidos por Massa al Ejecutivo fue incesante y generó el playón necesario para que el hombre del Frente Renovador sea el actual ministro que es.
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Pese a que lo negó, con un twitt de escasa credibilidad, Massa finalmente tiene la posibilidad de erigirse como el nuevo Roberto Lavagna y aspirar a cumplir su sueño de toda la vida: conducir la Casa Rosada. Lo intentó en 2015, sin éxito, y ahora, con un 2023 cerca, está ante la oportunidad de su vida. O, si fracasa, se convertirá en un Domingo Cavallo versión moderna, aquel que contó con todas las herramientas y fracasó.
Los cambios
Producto del caos de la coalición oficial, que deja a las claras que solo se trató de una alianza electoral sin un programa claro, y que lo demostró cada vez que pudo tras la pandemia, Batakis abandona Economía para pasar al Banco Nación, Julián Domínguez renunció como ministro de Agricultura, Daniel Scioli vuelve a la embaja de Brasil tras su paso en Producción y Del Pont sale de la AFIP para desempeñarse en la secretaría de Asuntos Estratégicos.
El albertismo, en su peor momento
Con la renuncia de Gustavo Béliz, el nucleo de Fernández queda reducido a la mínima expresión, sin aire prácticamente, con Claudio Moroni, Santiago Cafiero, Matías Lammens, Aníbal Fernández y solo un puñado de funcionarios en un gabinete eclipsado por el kirchnerismo y ahora por el massismo.
La primera en abandonar el barco fue la exministra de Justicia Marcela Losardo, en marzo del año pasado. La versión oficial se vinculó al desgaste que sufrió la abogada -y amiga del Presidente. Pero también tuvo un argumento político. «Marcela me ha planteado la semana pasada, y ya me lo venía planteando desde antes, su idea de dejar el Ministerio porque ella cree que el tiempo que viene necesita otra actitud», dijo Fernández.
Un movimiento más reciente, pero no menos estruendoso, fue la salida del exministro de Desarrollo Productivo Matías Kulfas, que hace pocos días reapareció tocando la guitarra, pasatiempo que comparte con Fernández. Durante el acto por los 100 años de YPF, la expresidenta le pidió a Alberto que use «la lapicera» para que Techint «traiga su producción al país», lo que despertó la reacción del ministro.
El episodio será recordado como la crisis del off the record. Tras el reencuentro público, la vice volvió a encender la interna del Frente de Todos y arremetió contra los «ataques» de funcionarios que hablan «sin dar la cara, en off». El mensaje tenía solo un destinatario y era Kulfas. El mandatario le pidió su renuncia, pero la historia no quedó ahí.
El exministro se despidió con una carta de 14 páginas donde en la que ratificó sus dichos de que la licitación de la compra de caños para la obra del gasoducto fue «a medida» de la empresa Techint y la realizaron funcionarios que responden a la Vicepresidenta. La historia entre el economista y el kirchnerismo viene de antes. Tanto es así que le dedicó un libro titulado Los tres kirchnerismos, donde repasa de forma crítica la política económica del movimiento fundado por Néstor Kirchner.
Martín Guzmán le siguió con una sorpresiva renuncia, no por el contexto, sino por el modo. El exministro de Economía lo hizo desde su cuenta de Twitter, mientras Cristina Kirchner daba un discurso donde criticaba –entre otras cosas- su estrategia. «Con la profunda convicción y la confianza en mi visión sobre cuál es el camino que debe seguir la Argentina, seguiré trabajando y actuando por una Patria más justa, libre y soberana», expresó.
La presión sobre Guzmán se había intensificado tanto por el mercado y del ala dura del kirchnerismo. La interna se encendió luego de su acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), lo que provocó la renuncia de Máximo Kirchner a la jefatura del bloque del Frente de Todos en la Cámara baja y escaló hasta la última semana que estuvo en el cargo.