Fue vicepresidente de Bolivia a Evo Morales desde 2006 hasta el Golpe de Estado de 2019 y este fin de semana tuvo agenda en nuestro país. Estuvo en la CTA de los Trabajadores y en un acto en la Facultad de Derecho de la UBA.
«En este momento de emergencia tenemos que ajustar la riqueza, porque la otra opción es ajustar el salario, que quiere hacer la derecha«, aseguró el dirigente, reconocido intelectual que formó parte del gobierno en Bolivia.
Dijo que «la responsabilidad» de las fuerzas progresistas es «recuperar las banderas de la esperanza colectiva» con la gestación de «reformas de segunda generación», que estas deben incluir «una reforma tributaria», una «transición energética» que desarrolle el litio, más control del Estado para aprovechar el «microciclo de precios altos de las commodities» y el fomento de «la economía digital».
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Mencionó el impuesto a las fortunas y la repatriación de dineros de los paraísos fiscales. “hasta Joe Biden está haciendo eso, el G-7 ha establecido un impuesto del 15% a las empresas», señaló para poner en contexto lo que dijo, “hace unos años planteábamos desde los gobiernos populares y hoy es una agenda del mundo entero”.
La actividad se realizó en las escalinatas de la Facultad de Derecho de la UBA, y en otro tramo de su exposición García Linera también habló del desarrollo de políticas de innovación desde el Estado mediante la asociación de recursos públicos, privados y las universidades.
Por la mañana, en la CTA de los Trabajadores, acompañado por el titular de la central y también diputado nacional Hugo Yaski y por el presidente del Parlasur, Oscar Laborde, entre otros dirigentes, García Linera sostuvo que «ni el neoliberalismo se presenta con novedades, ni el progresismo se presenta con un horizonte que pueda remontar las consecuencias de la crisis de la pandemia y de la crisis ambiental»
La deuda externa y la derecha actual
El momento de mayor entusiasmo lo generó en la Facultad de Derecho cuando García Linera hizo referencia al problema del endeudamiento externo, planteó «la derogatoria o la suspensión del pago de la deuda es una demanda mundial».
«¿Dónde fue a parar la deuda? ¿Fue a parar a un barrio popular, a un salario de un trabajador, de una fábrica, a la actividad independiente de un compañero que tiene una microempresa, o paró en las grandes fortunas?», interrogó en voz alta.
En unas de sus reflexiones sobre el presente, lo definió como «un momento de estupor» y de «cierta parálisis» producto de lo que definió como una encrucijada «entre dos proyectos en pugna que se muestran débiles» y agregó que para ser «honesto intelectualmente» él no veía posible en este contexto «una victoria de largo plazo» de la «oleada progresista» con diez o quince años de gobierno, como sí ocurrió en la primera década del siglo.
García Linera caracterizó a la derecha y la definió como un «neoliberalismo zombie» que intentar «rodar para atrás la rueda de la historia» con un programa económico basado en «destruir empresas públicas, hacerlas deficitarias para después privatizarlas, repartirse tierras, asignar los créditos de los bancos a las familias y los conocidos, criminalizar a los sindicatos y garantizar el despido impune». A la mañana, en la CTA de los Trabajadores había descripto que la derecha proponía una receta que era “como comida recalentada”.