El Vaticano volvió a pedir una condonación de deuda por la pandemia

El Vaticano volvió a plantear la necesidad de reducir e incluso condonar las deudas de los países más pobres del mundo en el marco del fuerte impacto mundial que está generando la pandemia de coronavirus. Esta vez el planteo se realizó por medio de una presentación del arzobismo Ivan Jurkovič ante las Naciones Unidas.

El embajador del Vaticano remarcó la importancia de una acción coordinada de la comunidad internacional para generar un alivio de la deuda de los países más afectados por la epidemia, recordando iniciativas como la de los Países pobres muy endeudados (PPME) y la Iniciativa para el Alivio de la Deuda Multilateral (IADM) que demostraron que en casos extremos “la comunidad internacional puede actuar con decisión”.

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Ya en su mensaje del pasado 20 de abril, el Papa Francisco había pedido que, “considerando las circunstancias, se relajen las sanciones internacionales de los países afectados, que les impiden ofrecer a los propios ciudadanos una ayuda adecuada, y se afronten -por parte de todos los países- las grandes necesidades del momento, reduciendo, o incluso condonando, la deuda que pesa en los presupuestos de aquellos más pobres”.

Con la presentación de Jurkovič ante Naciones Unidas, la Santa Sede vuelve a insistir sobre el tema. En el marco del 67º período de sesiones de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), el arzobispo detalló: “No cabe duda de que la actual crisis de la covid-19 afectará más gravemente a la vida y los medios de subsistencia de los habitantes del mundo en desarrollo. Una vía a través de la cual este impacto potencialmente devastador podría suavizarse, y salvar vidas en lugar de perderlas, es haciendo frente a la agobiante carga de la deuda externa acumulada, tanto a nivel público como privado, en los países en desarrollo en los últimos años”.

Jurkovič remarcó que “las consecuencias de la crisis van mucho más allá del ámbito financiero, extendiéndose a las esferas económica, social y cultural”. Por esto, explicó, “la comunidad internacional no puede permitir que el sistema financiero siga siendo una fuente de inestabilidad económica mundial; debe adoptar urgentemente medidas para evitar el estallido de otras crisis financieras en el futuro”.

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