Varios jefes comunales justicialistas o ex-kirchneristas fueron tentados a trabajar en el equipo de la gobernadora Vidal o también a conformar distintas alianzas que la fortalecieron en estos quince meses, frente a la adversidad de una provincia extremadamente compleja, desfinanciada y grande. Pero de cara a las elecciones y viendo un enrarecido clima social y una economía que no despega, los intendentes “pejotistas” comenzaron a «pegar la vuelta al pago chico».
La lista, la encabezó Francisco Echarren, quien ocupó la Subsecretaria de Tierras, Urbanismo y Vivienda desde diciembre pasado en el gobierno provincial. Este joven intendente de la Quinta Sección electoral, le presentó su renuncia indeclinable a Vidal esta semana, pues en vistas de las próximas elecciones piensa pelear dentro del peronismo y no “pintarse de amarillo” como parecía, con lo cual, el 20 del próximo mes regresará a hacerse cargo de la comuna que le dio el voto popular: Castelli.
También Alejandro Granados, intendente de Ezeiza, estuvo a punto de asumir como ministro de producción en la provincia y se mantuvo siempre cerca de Cambiemos, no sólo no aceptó ese convite, sino que confirmó ayer que daría un aumento salarial en su municipio que podría asemejar al del año pasado (que fue de 38%), aunque Vidal les pidió expresamente que no superen el 18%.
Algo similar pasó con Mario Ishii, que venía trabajando muy cerca de Cambiemos a nivel bonaerense, y que posó para la foto con Vidal y Duhalde. El hombre del tradicional poncho, ( muy recordado también porque en las «testimoniales» puso a su madre de candidata) bajó un cambio y se desdibujó la posibilidad de hacer una colectora con el oficialismo para debilitar al kirchnerismo.
Esa idea había prendido entre los viejos barones del conurbano, a la que también se habían sumado otros, principalmente de la Primera Sección, pero de a poco comenzó a evaporarse. El hombre de José C Paz pegó duro por el deterioro de la situación social, y todos coincidieron: Macri lo hizo.
Cada uno a su modo «fue recalculando», a la espera de que, con o sin Randazzo, su viejo y querido partido «sane las heridas de la derrota» y puedan encolumnarse detrás de una figura capaz de contener «este descontento», en el conurbano, masivo. Y pese a todo, lo que parece estar sucediendo, es que no querían y no quieren a Cristina, pero menos quieren perder.
Joaquín De La Torre, ministro de Gobierno, es otro caso idéntico, otro intendente peronista, que luego fue Massista y hoy es Vidalista, con un alto grado de compromiso. No sólo es ministro de Gobierno, también es armador de campaña. Veremos si puede resistir la ola “del regreso a casa», en este caso, a San Miguel.