El desembarco de Cristina Kirchner a la Cámara Alta va a producir un realineamiento de los bloques que podría implicar la división del Senado en tres grandes grupos: el del oficialismo que sumará bancas; el del PJ de los gobernadores liderado por Miguel Ángel Pichetto y el del kirchnerismo. El rionegrino ya marcó la cancha y afirmó que la ex mandataria deberá armar su propio bloque porque no integra el peronismo.
Más allá de ingresar sola o acompañada por Jorge Taiana, Cristina llevará para su sector a varios senadores de los que hoy están dentro del bloque del FPV-PJ; al que seguramente se sumarán Adolfo Rodríguez Saá (Hoy por fuera de ese bloque y quien renovará su banca), y quienes ingresen por Santa Cruz, Jujuy y Formosa. Incluso, el neuquino Marcelo Fuentes, anticipó que “quien se sienta incómodo con Cristina tendrá que abandonar el bloque”, en respuesta a Pichetto.
Entre los que seguro estarán junto a la ex mandataria se anotan la ultracristinista Anabel Fernández Sagasti (Mendoza), Nancy González y Mario País (Chubut), María Inés Pilatti Vergara (Chaco), Ana Almirón (Corrientes), Silvina Marcela García Larrabura (Rio Negro), María de los Ángeles Sacnun (Santa Fe). Estos 7 más los que ingresan o renuevan, alcanzan un piso de doce, que podría crecer si Cistina ingresa como ganadora y genera un efecto contagio.
A su vez, Pichetto, para reemplazar las bajas, podría salir a cazar a los peronistas “libres” que integran bloques unipersonales con línea directa con su gobernador, en un intento de profundizar el PJ de los caudillos al que también se quiere sumar Sergio Massa y el bloque de diputados de Diego Bossio.
Laboratorio peronista
El reacomodamiento en senadores será una especie de prueba de laboratorio del devenir pejotista; con Cristina en cancha muy difícilmente se logre la tan proclamada unidad; aunque si la ex mandataria cumple su promesa de “no ser un obstáculo para el 2019”, cosa que seguramente sea cierta si pierde contra Esteban Bullrich; el PJ comenzará a hacer un corrimiento de poder, el cual incluso evidencian intendentes peronistas del conurbano bonaerense.
Los gobernadores serán los únicos que tendrán caja propia, por la cual, por cierto, se vienen peleando con Mauricio Macri; desde allí, los caudillos buscan comenzar a renovar el peronismo en base a las figuras de los jefes provinciales más jóvenes como Juan Manuel Urtubey (Salta), Sergio Uñac (San Juan), Domingo Peppo (Chaco), Roxana Bertone (Tierra del Fuego) y Gustavo Bordet (Entre Ríos); quienes a su vez, mejor relación mantienen con la Casa Rosada.
Ese plan, que excluye a Cristina Kirchner, parte de una dura certeza: El 2019 está perdido y que salvo una catástrofe económica que podría arrastrar también a las administraciones provinciales, el macrismo renovará la presidencia en dos años, y muy probablemente lo haga también la Ciudad y la Provincia; incluso, el acercamiento a ellos de Sergio Massa contempla una jugada en la que el tigrense baje sus aspiraciones y decida ser candidato a gobernador bonaerense en un peronismo de unidad.
A su vez, desde el kirchnerismo, empiezan a aceptar la idea de que si la ex mandataria pierde con Bullrich, lo lógico sería aceptar ese corrimiento y acompañar la reconstrucción del peronismo abandonando el esquema de confrontación y grieta.
En paralelo, los gobernadores se endurecerían motivados por la pérdida de recursos coparticipables que implicaría la actualización del Fondo del Conurbano que recibiría María Eugenia Vidal. Si la gobernadora macrista se hace con ese botín, los peronistas radicalizarían la pelea por los recursos, lo cual terminaría acercándolos a la postura de un kirchnerismo manso.
Esa línea de flotación, entremezclando firmeza y gobernabilidad, el PJ anhela encontrar los acuerdos para comenzar a revertir los resultados de las últimas elecciones. Ese esquema amplio, podría incluso contener a los referentes provinciales hoy alejados del PJ orgánico, como el derrotado Juan Schiaretti, y al que también ingresarían el pampeano Carlos Verna y el chubutense Mario Das Neves, ambos enfrentados con Macri.