Tras la destitución de Pedro Castillo, Dina Boluarte, asume la presidencia de Perú sin un grupo parlamentario propio que apoye su gestión, por lo que tendrá que construir cuidadosas coaliciones con miembros del Congreso, considerado hoy como la institución más desprestigiada en el país sudamericano.
Sumado a eso, Boularte asume el poder en un contexto de una brutal crisis; bajo una potente sequía que golpea en los Andes a miles de aldeas por el retraso de sus siembras de papas (único cultivo de susbsistencia); una quinta ola de infecciones por COVID que según datos oficiales, suma más de 217.000 muertes entre 4,2 millones de contagiados desde el inicio de la pandemia; y una gripe aviar que ha matado a más de 18.000 aves silvestres en el Pacífico y amenaza con expandirse a granjas de crianza de pollos y pavos.
Tras juramentar en el Parlamento, la presidenta Boluarte, quien deberá completar el periodo de Castillo y gobernar hasta 2026, pidió una tregua política para instalar un “gobierno de unidad nacional”. Luego, mirando a los legisladores, manifestó en su primer discurso que en su gabinete “estarán representadas todas las fuerzas democráticas”.
“Para tener un gobierno que funcione, hay que lograr una coalición lo suficientemente grande como para impulsar políticas y legisladores que te respalden”, expresó Eric Farnsworth, vicepresidente del Consejo de las Américas.
En tanto, Alonso Cárdenas, profesor de Ciencia Política de la Universidad peruana Antonio Ruiz de Montoya indico que la nueva presidenta debe elegir ministros de amplia trayectoria, capacidad moral y conocimiento del Estado.
Por otro lado, Flavia Freidenberg, politóloga de la Universidad Nacional Autónoma de México y miembro del Observatorio de Reformas Políticas en América Latina, dijo que la primera mujer presidenta de Perú tiene una oportunidad única para mostrar las capacidades que pueden tener las mujeres “en un país que es machista, misógino, discriminatorio y donde tantas dificultades han tenido las mujeres para poder acceder al gobierno”.
Recordemos que la crisis política peruana se ha evidenciado con seis presidentes en seis años, desde 2016. Tres parlamentos han usado ocho veces una causal permitida por la constitución llamada “permanente incapacidad moral”, con la que se logró destituir a dos mandatarios, incluido Castillo. En este marco, según un sondeo nacional de noviembre del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), el Congreso unicameral peruano hoy tiene una imagen de un 86% de desaprobación.