El radicalismo porteño comenzó a tender nuevo puentes para alcanzar un “cese al fuego” en Cambiemos, y en principal con el PRO. La realidad es que al ex embajador argentino en los Estados Unidos, Martín Lousteau, ni el presidente Mauricio Macri, ni el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, le perdonaron haber abandonado ese lugar para competir en las elecciones de este año en donde quedó tercero, a casi 40 puntos de distancia de Elisa “Lilita” Carrió.
Sin embargo, los deseos del espacio que conduce el presidente de la UCR porteña, el vicedecano de la Facultad de Ciencia Económicas, Emiliano Yacobitti, es llegar a un acuerdo para poder integrar Cambiemos, algo que se le encuentra prohibido desde el cimbronazo que representó la renuncia de Lousteau. “Hay un objetivo político que se encuentra más allá de un tema circunstancial. Nosotros queremos ser parte de Cambiemos pero sin resignar nuestras convicciones en ciertos temas. No estamos para ser un apéndice del PRO”, le dijo a éste medio una fuente al tanto de las negociaciones.
En los últimos días, y como consecuencia de las expulsiones de sus cargos del titular del Consejo Económico y Social (Cesba), Federico Saravia, y de uno de los directores de la Corporación Puerto Madero, una de las promesas de Rodríguez Larreta comenzó a cumplirse: dejar al radicalismo porteño sin casi ningún espacio de poder. Eso, según reconstruyó este medio, no sorprendió a las máximas autoridades radicales, pero sí hizo sonar unas alarmas.
La intención de que Martín Lousteau integre el interbloque de Cambiemos en la Cámara de Diputados, emulando lo que sucedió desde 2013 hasta 2015 cuando su, nuevamente, compañera de bloque, Carla Carrriza, conformaban uno con la UCR, es una de las pequeñas parte de dicha negociación. Antes de que se desarrollaran los comicios de octubre ya se daba por descontado que eso sucedería y que sólo restaba saber si sería él sólo o tendría compañía. Los doce puntos logrados en octubre habilitó al que el bloque de Evolución cuente con dos diputados.
Sin embargo, desde ese entonces, comenzó a gestarse una jugada a más largo plazo. El primer paso, tal y como publicaron varios medios, fue dar un señal hacia dentro del centenario partido, pero a nivel nacional. La candidatura del histórico operador radical, el ex ministro de Interior, Enrique “Coti” Nosiblia, como asambleísta por la Ciudad para luego competir por la presidencia del partido en diciembre. Por ahora, esa apuesta espera un guiño de la Justicia ya que la elección interna se encuentra suspendida por miembros más cercanos a Rodríguez Larreta y que quieren intentar saca de la cancha a la conducción porteña.
El otro signo de buena fe es logra que Lousteau se afilie finalmente al radicalismo. “Nosotros nos jugamos todo por él. Es hora de que de una señal de buena fe, se afilie y así mandé un mensaje para dentro y fuera del partido”, agregó otra fuente. Lousteau, por ahora, no tomó la decisión al respecto.
Todo lo anterior, sumado a la diferencia lograda en los comicios y que habilitó una mayoría automática para el PRO en la Legislatura porteña provocó que también se comience a gestar la idea de un “cese al fuego” hasta, de mínima, marzo de 2018. No se trataría tampoco de una cuestión de cargos, ya que dos de los más importantes que tiene el espacio de Lousteau, el lugar en la Auditoría General de la Ciudad, y el en el directorio del Banco Ciudad, fueron otorgados por la Legislatura, por lo que su remoción no depende de un decreto del jefe de Gobierno. Sino todo lo contrario, un “pacto de convivencia” política para no generar más heridas. “Ya nos sacaron más de 30 puntos. Fue una elección histórica y salimos sobreviviendo como pudimos, ahora tienen que soltar un poco”, expresó otra alta fuente del radicalismo.
Cerca de Rodríguez Larreta niegan la posibilidad de un acuerdo de paz. “Se dijeron muchas cosas, inclusive hubo varios que estuvieron hasta abril o mayo en nuestro Gobierno y ahora salen a criticarnos con el dedo acusador. De ahí no se vuelve”, afirmó una alta fuente gubernamental.
Algo después de estos diez días quedó claro. Las ideas y vueltas de la novela entre el PRO y Lousteau aún están lejos de terminar.